miércoles, 18 de febrero de 2009

Guerreros de la Cristiandad


Guzman el Bueno



Tomado de Reconquista y Defensa


A fines del siglo XIII una nueva invasión musulmana puso en riesgo la integridad de la Península Ibérica y de los reinos cristianos que la conformaban. Un hombre escogido por la Providencia, Guzmán el Bueno, sería protagonista de una epopeya que habría de asombrar a cristianos e infieles por igual, salvando a su patria y a la verdadera fe, de sucumbir a una fuerza extraña, enemiga de occidente y de la civilización cristiana. Esta es su historia

Corre 1284. Desde Marruecos, los benimérines, sucesores de los almohades (unitarios), han invadido la península con la clara intención de dominar el estrecho y socorrer al reino moro de Granada, gravemente amenazado por el incesante avance cristiano 1.

Hay angustia y temor en España. Es la cuarta vez que los árabes irrumpen en la antigua Iberia para iniciar su conquista y se teme que los territorios reconquistados a costa de tanta sangre, vuelvan a sucumbir. Ya han caído en manos del infiel Tarifa, Gibraltar, Algeciras, Ronda y Estepona.

En el corazón de Castilla, el valeroso rey Sancho IV el Bravo 2, se apresta a la defensa, convocando a guerreros de toda España. Y no solo de Castilla y de León acuden aquellos sino también de Asturias, Aragón, Galicia y Navarra. Son hombres fornidos y valerosos, dispuestos a defender a su tierra y a la verdadera religión. Van a pelear y a morir en nombre de Nuestro Señor Jesucristo y su Santa Madre, que los inspiran y por ello no temen a nada. Pero el monarca necesita a hombres especiales para enfrentar la amenaza. Hombres de hierro, dispuestos a hacer del triunfo una realidad. Y alguien le menciona el nombre de un bravo caballero que tiene experiencia en el Islam: Alonso Pérez de Guzmán, valeroso guerrero y cruzado excepcional. Cuando el monarca pregunta quien es, sus ministros le explican que es el hijo bastardo de quien fuera adelantado mayor de Andalucía en tiempos de su padre: don Pedro Núñez de Guzmán.

Castillo de Guzmán

Soldado de Cristo

Guzmán nació en León, el 24 de enero de 1255 (día de San Idelfonso) pero, por haber discrepado con sus hermanos 3, abandonó el reino para ofrecer su espada al servicio de nobles causas, tomando parte en la conquista de Jaén por el Señor de Vizcaya. Fue allí donde capturó al lugarteniente del emir de Marruecos, hecho que aceleró notablemente la rendición enemiga.

Sus aventuras lo llevaron a enrolarse en las huestes del emir Abú Yusuf de Marruecos, para quien batalló exitosamente contra otros árabes del Magreb oriental (Argel, Bujía, Orán). Condición principal que exigió al africano fue no luchar jamás contra rey cristiano y tal fue la experiencia alcanzada en esas lides, que su nombre se hizo célebre en toda España y el norte del África.

Cuando en 1284 los benimérines al mando del emir Ibn Yacub invaden la península, Guzmán permanece en el África hasta 1291. Es entonces que su soberano lo llama y viendo a su patria amenazada, no duda en acudir y poner su espada a su servicio. En 1292, marcha en el ejército de Castilla, participando en la conquista de Tarifa, batiéndose con sin igual bravura.

Sancho IV y Alfonso X

El paso a la inmortalidad

Tal fue su ardor en la lucha, que el rey Sancho lo nombró alcalde de Tarifa, funciones que ejercerá con firmeza a partir de 1293.

Perseguida por la flota del genovés Benedetto Zaccaria, la horda benimerine repasa el estrecho y observa desde Tánger como el italiano destruye su armada. De momento el peligro de otra invasión parece alejado, pero el rey don Sancho, exhaustas sus arcas, ordena a su ejército regresar a Burgos, dejando la plaza (Tarifa) al mando de Guzmán.

Ocurre entonces lo que nadie espera. Los benimérines, con el auxilio del infante don Juan, hermano traidor del rey, vuelven a la península y plantan sitio a la plaza (primavera de 1294) con la intención de transformarla en base de operaciones.

Traidor e invasores árabes intentan por todos los medios sobornar a don Alonso y al no lograrlo, se lanzan a asaltar sus muros, siendo rechazados una y otra vez, con terribles pérdidas. Los castellanos resisten comandados por el alcalde motivando a don Juan a recurrir a una vil treta, ruin y repulsiva: amenazar al buen Guzmán con degollar a su hijo mayor don Pedro Alonso, a quien retiene prisionero. Y con él muchacho maniatado, se presenta una vez más frente a los muros de la ciudad, seguro de que el defensor depondrá su actitud. Pero se equivoca de cabo a rabo.

Asomado don Alonso por entre las almenas, no puede evitar estremecerse. Ahí abajo, en poder de los enemigos de la fe, se encuentra su amado primogénito, atado e indefenso, listo para ser sacrificado si no entrega el bastión.

Vuelven a insistir el traidor y sus aliados y la respuesta de Guzmán es la misma, firme y terminante: podían degollarle cinco hijos si los tuviera, que él no entrega la plaza por la que juró a su señor, el rey, defenderla a costa de su vida. Y diciendo esto, toma su cuchillo y lo arroja al enemigo exclamando con voz potente.

- ¡Ahí está mi cuchillo por si no tenéis con que degollarle!- Los testigos de aquel hecho no dan crédito a lo que ven.

Y es entonces que ocurre lo peor. Don Juan, presa de feroz cólera, degüella al muchacho frente a sus padres y los musulmanes le cortan la cabeza, para arrojarla hacia Tarifa desde una catapulta.

Grande es el dolor de Guzmán, tremendo el desconsuelo de su esposa, pero la plaza no cae. Y sabiendo que el ejército castellano avanza firme por tierra y la flota de Aragón igual lo hace por mar, los benimérines levantan el cerco y se retiran al Magreb, asombrados por lo que podían obrar los cristianos impulsados por su fe 4.

Brazo armado de Castilla y la Iglesia

Impresiona al monarca el gesto del guerreo y lo manda llamar a Alcalá de Henares para recibirlo con los honores que su epopeya merece, concediéndole gracias y mercedes y apodándolo “el Bueno” 5.

Guzmán sigue combatiendo por su reino y por la Cruz a lo largo de Andalucía, ya en Algeciras, ya en Gibraltar y tras la muerte de don Sancho, seguirá defendiendo al cristianismo en nombre de su reina, la regente doña María de Molina, primero y de su hijo, el rey Fernando IV después.

El 19 de septiembre de 1309 en los Prados de León, cerca de Gaucín, muere en batalla contra los musulmanes, atravesado por una flecha de ballesta y sus cruzados, que le reverenciaban, tras aplastar a los infieles recogen su cuerpo y lo llevan en triunfo por Algeciras, Tarifa, Medina Sidonia, Sanlúcar de Barrameda y el bajo Guadalquivir, llegando finalmente a Sevilla, en cuya catedral se canta una misa en su nombre.

Guzmán el Bueno es depositado en el Monasterio de San Isidro del Campo, de la Orden del Cister, en Santiponce y en su sepulcro, los artistas esculpirán las siguientes palabras: "...ENTRO . EN CAVALGADA . EN . LA SIERRA DE GAVSIN . EOVO .Y .FACIENDA .CON LOS . MOROS . E MATARONLO ENELLA . VIERNES 19 D SEPTIEMBRE ERA DE MILITREZIENTOS IQUARENTA ISIETE QUE FUE AÑO DEL SEÑOR DE MIL ITREZIENTOS INVEVE".

Se repite la hazaña

General José Moscardó

Quinientos treinta años después, España vuelve a ser testigo de una epopeya similar. Durante el asedio al Alcázar de Toledo, a poco de iniciada la Guerra Civil 6, su defensor, el general José Moscardó, héroe de las Filipinas y de las campañas de Marruecos, recibe un llamado telefónico de las fuerzas comunistas que lo sitian. Cuando atiende le comunican que si no se rinde, su hijo prisionero, será fusilado. Moscardó pide hablar con él y al hacerlo, le ruega encomendar su alma a Dios y a la Patria, por quienes moría en sacrificio. Los comunistas cumplen su amenaza y el muchacho cae ejecutado.

Una vez más, España sorprendía al mundo por sus muestras de heroísmo y devoción. Guzmán en Tarifa; Moscardó en Toledo, son ejemplo de cruzados, de soldados de Cristo y de apasionados devotos de la Virgen María. Y hoy, cuando a los actos de arrojo se los califica de “estupidez”, sus ejemplos sirven para inflamar espíritus alicaídos y elevar la moral, demostrando que cuando se tiene fe, todo se logra, aún las más temerarias proezas.

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Notas:

  1. Los benimerines fueron una dinastía berberisca que desplazó a la de los almohades en el imperio de Marruecos. Como aquellos en 1145 y sus antecesores almorávides a fines del siglo XI, invadieron España en 1284

  2. Hijo y sucesor de Alfonso X el Sabio

  3. Lo llamaron “bastardo” en un banquete, frente mismo al rey Alfonso

  4. Los benimérines fueron derrotados definitivamente por Alfonso XI de Castilla en la batalla del Salado (1340)

  5. De él descienden los duques de Medina Sidonia

  6. 18 de julio de 1936