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sábado, 9 de agosto de 2008

La Patria en el pensamiento del P. Meinvielle

El Padre Meinvielle y la Patria

Por Antonio Caponnetto.

El ser de la patria

En las páginas de una obra suya escrita en 1940, a la que tituló esperanzadamente Hacia la Cristiandad, el Padre Julio Meinvielle explica con propiedad teológica cuál es el origen histórico del Occidente Cristiano.

Tres apóstoles, nos dice, Pedro, Juan y Santiago, fueron especialmente distinguidos por el Señor. A ellos llamó con nombres significativos y ubicó en sitiales particulares. A ellos quiso revelar su gloria en el Tabor y confiar su agonía en Getsemaní. Y en ellos, que están representadas y encarnadas las tres virtudes teologales, se encuentra la raíz y el núcleo de la Christianitas.

Decir Pedro es decir Roma y nombrar la Fe. Santiago es la Esperanza y es España, fuerte e indoblegable, precisamente por su sentido heroico de la esperanza. Y Juan es la Caridad, y la caridad abrazó a Francia con la misión de San Potino que envió San Policarpo mártir, discípulo de Juan. Por eso Pedro, Santiago y Juan; Fe, Esperanza y Caridad; Roma, España y Francia, son profundas y olvidadas trilogías que explican el origen y la cumbre de nuestros orígenes, y que se hallan substancialmente ínsitas en nuestra identidad nacional.

Quiere significar lo antedicho, entonces, que estas tierras americanas nuestras, en cuyo vértice austral está enclavada la Argentina, nació –gracias a España- como una rama viva de la Cristiandad. Pero la Cristiandad –sigue enseñando Meinvielle- es Cristo adorado y servido públicamente, es el ordenamiento de la vida temporal bajo la principalía del Señor, es vivir de acuerdo al Evangelio y conformar a las sabias e imprescriptibles enseñanzas de la Cátedra de la Unidad, toda la vida de los estados nacionales. Va de suyo que si la patria quiere ser fiel a sus días fundacionales, no puede sino bregar por la Cristiandad, abriendo sin temores y de par en par las puertas al Redentor, como diría Juan Pablo II.

En consecuencia, el ser más íntimo y más hondo de la patria no hay que buscarlo en brumosas ideologías, ni en desencaminados indigenismos, ni en jacobinas revoluciones, sino en la Civilización Cristiana, o por más augusto nombre, en la Ciudad Católica. Y si recordamos –como insiste el Padre Meinvielle- que nuestra Madre España, la que nos daría este ser, fue “conquistada a Jesucristo por Santiago”, justo es recordar asimismo que Santo Tomás ha llamado a aquel apóstol procipuus debellator adversariorum Dei, esto es, principal luchador contra los enemigos de Dios. ¿Puede alguien no entender este claro mensaje de los orígenes patrios? ¿Puede alguien moralmente sano desentenderse de este legado que nos viene de los días del principio?

Lo que Meinvielle viene a predicarnos en suma, es que nacimos católicos, apostólicos y romanos, con vocación imperial –como la que tuvo Hispania; esto es, evangelizadora de pueblos- y con misión de luchadores intrépidos, como el Jacobeo a quien Jesús llamó Boanerges, hijo del trueno, y llama, lumbre y vértigo en el impetu misionero.

El estar de la patria

Pero el Padre Julio no se engañaba, ni enmascaraba o diluía la dura realidad de la patria enferma que le tocó presenciar. Sufría por ella, como ante una madre que se desangra y agoniza. “La patria fue su herida”, díjole el Padre Sato. Y acertaba.

En una de sus tantas conferencias políticas pronunciada en los albores de la década del sesenta –movida por el fragor de las circunstancias, es cierto, pero iluminada con la filosofía perenne- Meinvielle llamó Guerra Revolucionaria al mal mayor que aquejaba a la nación. Y la denominación es pertinente y adecuada, porque esa guerra, según nos lo explica, empieza por negar “los derechos públicos de la Verdad,y los de la tradición auténtica de la Europa Cristiana”. Se trata entonces de una cuestión primeramente religiosa, de esas que Donoso Cortés invitaba a encontrar detrás de toda aparente cuestión política.

La maldita revolución así definida, tenía en cautiverio a la Argentina. Y el Padre Meinvielle no hacía acepción de personas al señalarla y combatirla. Bajo la llamada década infame o bajo el frondizismo, con el peronismo y sin él, con los militares populistas o con los liberales, con los azules o los colorados. Cambiaban los hombres y las denominaciones eventuales, pero el motor de esa Revolución Mundial seguía siendo localizable en la judeomasonería, y el motor de esta fuerza seguía siendo el odio a Jesucristo. Hacer lo contrario de la Revolución era, pues, la salida y el camino, si de rescatar a la patria se trataba. No una revolución contraria, diría de Maistre, sino lo contrario de la Revolución.

Escuchemos directamente sus palabras. “Los cimientos más profundos de nuestra nación son cristianos, y los males que nos aquejan son desviaciones anticristinas [...] La primera virtud que nos hace falta en esta coyuntura es la fortaleza. Tener la voluntad de querer salir del estado de postración en que nos encontramos. Esa voluntad ha de estar arraigada[...] al menos en un grupo de argentinos dispuestos a la muerte por el bien de la patria [...] Un nacionalismo, hoy, sólo puede ser salvador de la patria si tiene capacidad y empuje para remontar la pendiente por donde viene deslizándose al abismo la humanidad. Y sólo los valores cristianos vividos auténticamente, contienen esa fuerza [...] La Patria no se puede salvar sino con un acto de heroismo que tenga capacidad para remontar la pendiente por donde nos deslizamos” (cfr. su El Comunismo en la Argentina,Buenos Aires, Dictio, 1974, p.490,488,,485).

De la Cristiandad a Versailles

Bien aprendido tenía el Padre Julio, aquel mensaje evangélico, según el cual, quien es fiel en lo poco será en lo mucho fiel. Por eso, sus indicaciones sobre el ser y el estar de la patria, y principalmente sus enseñanzas sobre el rescate necesario y urgente de la misma, no se quedaban en el terreno siempre lícito de las especulaciones o de las grandes y necesarias convocatorias políticas. Se volcaban a la acción, se traducían en obras, se expresaban en bienes tangibles. Y a cada paso de su vida sacerdotal parece decirnos con gestos concretos, que no se puede amar a la patria sino se empieza amando la cuadra en la que se vive, el barrio en el que se habita, la parroquia que se frecuenta, la vecindad de carne y hueso con la que convivimos a diario.

Así lo hizo, por ejemplo, desde Nuestra Señora de la Salud, campo propicio que Dios le pusiera en su camino, para probar con creces esta fidelidad católica y argentina, esta posibilidad cierta de edificar la cristiandad en el pago chico, este irrenunciable afán de ser patriota de la tierra y patriota del cielo. “Para Meinvielle” –dice Fabián González Arbas- “las fechas y los símbolos patrios tenían un alto significado cívico y no pasaron nunca inadvertidos. A decir verdad, buena parte de la formación que [la parroquia Nuestra Señora de] La Salud brindaba a través del método scout estaba dirigida a resaltar los valores nacionales y el amor a la patria” (Cfr. Los scouts de Meinvielle,Buenos Aires, Profika, 2001, p. 139). Y a continuación, el autorizado y fiel testigo que esto relata, describe el festejo del 25 de mayo de 1944, con misa de campaña, toque de tambores y clarines, bandera desplegada e izada hasta el tope, y un concurso varonil del que “resultaba ganador el que armaba primero el mástil e izaba el pabellón nacional” (ibidem, p. 140). Olvidada pedagogía del patriotismo cristiano. Traicionada pastoral vertebrada en la pietas,sin la cual no hay justicia alguna.¡Qué nostalgia al traerla nuevamente a la memoria, cuando arrecian tiempos crepusculares!

En este año del centenario del natalicio del Padre Meinvielle, en este mes de julio que contiene la festividad de la Independencia, y en esta hora de tinieblas, de una espesura como pocas veces se han enseñoreado sobre la Argentina, nos place evocar así al maestro. Entre tambores y clarines. Como párroco de la Cristiandad, atendiendo a Occidente desde el humilde Versailles. Como defensor de nuestra unidad de destino en lo Universal .La cruz en una mano, y bien al tope el pabellón azul y blanco.

jueves, 7 de agosto de 2008

Nuestro auxilio está en el nombre del Señor...

ORACIÓN POR LA RECONQUISTA DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA

SEÑOR, hay muchos motivos para que estés enojado con este pueblo, porque en esta Patria que nació cristiana, porque en esta Patria que lleva en su Bandera los colores del manto de la Virgen, son muchos los que te ignoran y vuelven las espaldas a Cristo. Son muchos incluso los que blasfeman y ensucian las cosas más nobles y más santas.

SEÑOR, a pesar de eso, a pesar de que en esta Patria hoy reina la mentira, a pesar de todas las traiciones, las cobardías y las injusticias, a pesar de que Cristo ha sido expulsado de la escuela, de la universidad y de los gobiernos, a pesar de la inmundicia y los escándalos que corrompen nuestra cultura, y a pesar de que se quiere destruir a la familia, a pesar de que no se valora el trabajo de los argentinos, sino la especulación, la usura, y los intereses del imperialismo internacional del dinero, a pesar de todo Señor; acuérdate de nosotros que imploramos tu auxilio y protección.

SEÑOR TEN PIEDAD DE ESTA PATRIA. No mires nuestros pecados ni nuestras debilidades, que son muchos, sino especialmente el sacrificio de aquellos que amaron y murieron durante la RECONQUISTA Y DEFENSA de Buenos Aires, en la Epopeya de 1806 y 1807, así como en todas las guerras en defensa de la SOBERANÍA NACIONAL, para que la Argentina se constituya y mantenga como una NACIÓN LIBRE e INDEPENDIENTE de cualquier forma de dominación.

SEÑOR, considera los méritos de los generales Belgrano y San Martín, fundadores de la Nación Argentina, que pusieron en las manos de Tu Madre, Nuestra Señora del Carmen y de la Merced, sus Bastones de Mando de los Ejércitos del Norte y de los Andes, y la proclamaron Generala de la Patria, para que cuando el clarín llame a la reunión para la NUEVA RECONQUISTA sea escuchado y obedecido por los mejores argentinos.

SEÑOR, acuérdate de esta Argentina donde Tu Madre un día en su imagen de la Virgen de Luján quiso detener milagrosamente las carretas para quedarse en ella y para ser nuestra Madre del Cielo.

SEÑOR, por intercesión de la Virgen de Luján y de Nuestra Señora del SANTÍSIMO ROSARIO DE LA RECONQUISTA, nuestra Madre del Cielo, escucha esta oración por la RECONQUISTA DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA.

¡Oh María Madre, se la salvación de tu pueblo!
Nos has llamado a formar en tus Unidades.
Seremos fieles y aguerridos soldados tuyos.
Combatir bajo tu bandera es hacer temblar al enemigo.
Él teme la Majestad de tu mirada y el vigor de tu brazo.
¡Oh María Madre, sé la salvación de tu pueblo!

Así sea.

Realeza de Cristo

ORACIÓN A CRISTO REY POR LA PATRIA





Señor nuestro Jesucristo
Rey de las Naciones y de los corazones
Dios que todo lo creaste, lo redimiste,
y has hecho a nuestro pueblo cristiano;
mira con ojos benévolos a ésta nuestra querida Patria
Consagrada a Tu Santísima Madre
y escucha a tus hijos que quieren volver a Ti.
***
¡Oh Rey! cristianos hemos nacido,
y cristianos queremos ser
Nuestra Patria es su historia católica,
y su destino de grandeza es llevar
Tu nombre como Bandera.
Atiéndenos, Señor, en esta jornada aciaga,
y, si está en Tu Santísima Voluntad,
aparta de nosotros este cáliz de amargura
dándonos la gracia de reconquistarte la Argentina
***
Que tu Madre, Reina nuestra,
Conductora y Vencedora en la Lucha Final,
aplaste la cabeza del enemigo que avanza
extendiendo su Poder Internacional
Que el Angel que custodia nuestro suelo
aparte de nosotros la perfidia sionista,
el terror comunista y la siniestra masonería.
Aniquilen Tus Arcángeles a las Sectas Invasoras,
y guarden a nuestras juventudes
de la corrupción mental y moral.
***
Pero no se haga nuestra voluntad, sino la Tuya;
y si prefieres para nosotros
la noche oscura de una pasión nacional.
Te pedimos, Rey de los Reyes,
no permitas que tu pueblo sea traidor,
Antes prepáranos y danos el triunfar en el martirio,
para la Gloria de Tu Divina Majestad,
en reparación por tanta historia laica,
y para que, bajo el Manto de la Virgen Soberana,
Te adoremos en la Patria Eterna,
con los que lucharon por Ti.
AMEN

viernes, 1 de agosto de 2008

Poesia patria

CANCIÓN DEL AMOR PATRIO.
De Paul Verlaine, traducción del Padre Leonardo Castellani

Amar la patria es el amor primero
y es el postrero amor después de Dios;
y si es crucificado y verdadero,
ya son un solo amor, ya no son dos.

Amar la patria hasta jugarse entero,
del puro patrio Bien Común en pos,
y afrontar marejada y viento fiero:
eso se inscribe al crédito de Dios.

Dios el que no se ve, Dios insondable;
de todo lo que es Bien, oscuro abismo,
sólo visible por oscura Fe.

No puede amar, por mucho que d'Él hable
del fondo de su, gélido egoísmo,
quien no es capaz de amar ni lo que ve.

Poesia patria

LA FUNDACIÓN DE LA PATRIA
(Poema introductorio a "La Muerte de Martín Fierro")

El verbo que trajeron de Europa los abuelos,
Militantes briosos con chirridos de espadas,
Se asordinó de trémolos y de melancolías
En la llanura verde, sonora de la Pampa.

En ese mar inmóvil, imponente y fecundo,
Que promete y acoge, mas también amenaza,
Se ahogó sin ahogarse porque salvó la ropa
La dureza soberbia y el brío de la raza.

Con arcabuz y espuelas la conquista del indio
Era fácil -y un poco de catecismo;- para,
Conquistar la llanura, la montaña y el río-
No ,entendían latines el río Y: la montaña.

La tierra vengó al indio y humilló al inmigrante,
Impuso condiciones, testaruda y callada,
Para dar de su oscura ubre vital bebida
y frenar los antojos petulantes del tránsfuga.

La tierra dio frenillo balbuceante a la lírica
Volubilidad gárrula de la andaluza parla,
y en Martín Fierro la hizo de nuevo arcaizando
Pesada, sentenciosa, rítmica, castellana.

Y los prosaicos rudos y salvajes paisajes
y elementales como mercurio en. amalgama
Domaron sutilmente las imágenes cultas,
Contrarreformas, Reyes y otras diversas charlas.

"Y la lenta elegía de las tardes de lluvia"
Con los himnos fastuosos de las lunas de plata
Le dieron nuevo cuerpo, sano y bruto a la otra
Supercivilizadamente anémica alma.

Y los viajes inmensos y el vacuno y el trigo
y la lucha del viento, de la tierra y el agua
Limaban como lima sorda la antigua otra
Supercivilizadamente sonora alma.

Y el coraje diario, directo y primitivo,
y el olvidar salubre, que es ciencia y no ignorancia,
Bañaban de un bautismo telúrico la otra
Supercivilizadamente finchada alma.

Y somos españoles porque el alma es la misma,
Según dicen los sabios, pero el alma de España
Fue tragada tres veces por él polvo sin límites
y animó una diversa nueva y bárbara estatua.

Pues la tierra es la tierra, sin el cuerpo no hay hombre,
y asÍ, en una terrena metempsÍcosis bárbara,
Juan Manuel es Fernando, no el"Santo" ni el"Católico",
Si quieren; pero el brote directo desa rama.



P. Leonardo Castellani

Sermon Patriotico


LA BANDERA: SÍMBOLO PATRIO.
MISA POR LA PATRIA.
Sermón pronunciado por el Padre Alberto Ignacio Ezcurra, en San Rafael, Mendoza,
en la Parroquia Nuestra Señora de Luján, un 20 de Junio, conmemorando también el Corpus Christi.


La realidad del Misterio Eucarístico
Festejamos el Corpus Christi, la fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. El símbolo de esta fiesta Patria, de esta Misa que como mensualmente realizamos, la destinamos de manera principal también a orar por la Patria.
La realidad del signo, la realidad de ese Sacramento que es el Misterio grande de Fe y que es al mismo tiempo el misterio grande del Amor de Cristo. Esa realidad que nos muestran las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy: «Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida». Es realmente el Cuerpo de Cristo y la Sangre de Cristo lo que por las palabras el sacerdote y el poder de Dios que pasa a través de él, se hacen presentes sobre el Altar en cada Misa.
No hay allí algo simbólico, como han querido interpretar algunos, protestantes y católicos con mentalidad protestante. La Eucaristía piensan que es un signo, que es algo que nos recuerda lo que hizo Jesús, que es una memoria solamente de esta Última Cena o de la Pasión. Y entonces, si bien se acercan con respecto a comulgar, se acercan como si fueran a recibir una cosa santa, un papelito, la imagen de un santo. No. Es mucho más que eso. El que se hace presente sobre el Altar es Cristo con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Y lo que recibimos en la Comunión no es solamente una cosa digna de respeto, como el pan de San Antonio, sino que es el mismo Señor que se hace presente.
y sobre el Altar se actualiza el único Sacrificio de la Cruz. Como Cristo en la Cruz dio hasta la última gota de Su Sangre, así sobre el Altar el pan y el vino que se consagran separadamente, afirmando de una manera incruenta, pensando, actualizando de una manera incruenta el Sacrificio del Señor.
Es, como decíamos, un misterio tremendo de Fe, porque los ojos del cuerpo son ciegos para las cosas de Dios. Si hay un misterio grande aquí en la tierra es el de esa presencia de Jesús en la Eucaristía.
No lo podemos comprender con nuestra inteligencia. No lo tocamos con nuestros sentidos. Pero lo creemos apoyados en la Palabra del Señor y' en la luz de la Fe que nos ilumina internamente y entonces cuando se alza la Hostia caemos de rodillas y adoramos diciendo: «Señor mío y Dios mío».
Es un misterio grande de amor también, porque el Señor inventó la Eucaristía por amor. Cuando iba a volver al Cielo después de su muerte y su resurrección, quiso quedarse en medio de nosotros y entonces hizo l0 que hizo en la Ultima Cena y entonces constituyó a los apóstoles en sacerdotes para que a lo largo de toda la historia Y- a lo ancho de todo el mundo, repitieran lc1ue El iba a hacer.
Pidámosle al Señor en esta fiesta que aumente nuestra Fe. Tratemos de acompañar mañana por la mañana en procesión el Cuerpo de Cristo que recorre nuestras calles, como una manifestación pública en esa Fe que tenemos en este misterio de Amor. Pidámosle al Señor que aumente en nosotros nuestra Fe, pidámosle que venga siempre sobre nuestros altares en la Misa y a nuestras almas en la Comunión y que al venir a nosotros nos transforma.
El pan que comemos para alimentar el cuerpo se transforma en nosotros en carne, en sangre, en huesos. Cuando nosotros con la debida disposición comemos a Cristo en la Eucaristía, es Cristo el que nos va cristificando. Nos transformamos en Cristo. «Crece y me comerás», decía San Agustín, «pero Yo no me transformaré en ti como el pan de tu cuerpo, sino que tú te transformarás en Mí». La realidad de la Eucaristía.

El valor de los símbolos patrios
Si luego decíamos el símbolo. . . Hoy es el día de la Bandera y la Bandera es el símbolo de esa realidad que amamos y por la cual rogamos que es la Patria. El símbolo es aquello que representa algo. Es algo que puede ser constituido por los hombres, pero sin embargo es una cosa muy seria. Nos basta pensar solamente que la cruz es una cosa muy seria. N os basta pensar solamente que la cruz es el símbolo de nuestra Fe cristiana y católica, y nos hace referencia a la tragedia del pecado y al amor inmenso de Cristo que muere en la cruz para salvamos.
La cruz antes de Cristo era un signo de ignominia, era la peor condena que se podía dar a los delincuentes, pero cuando Cristo muere en la cruz cargando sobre sus espaldas nuestros pecados, Cristo muriendo en la cruz nos salva, la cruz se transforma en el símbolo de la salvación. Y cuando nosotros miramos una Cruz, a través de ella adoramos a Dios y nosotros hacemos sobre nosotros mismos la Señal de la Santa Cruz. La Cruz es un símbolo y es una cosa seria, es una cosa sagrada, representa a Cristo, la Fe de Cristo, nuestra condición de cristianos. La señal del cristiano es la Santa Cruz, aprendíamos en el Catecismo.
y así como la Cruz es símbolo de la Fe de la Iglesia de Cristo, la Bandera es un símbolo de esa realidad humana que Dios quiso para nosotros que es la Patria. Es un símbolo, y un símbolo que está por encima de cualquier otro símbolo. Muchas veces hemos afirmado aquí que la Patria está por encima de las divisiones de clases y de las. divisiones de partidos y de cualquier otra división. Porque el Bien Común de la Patria está por encima, tiene que estar por encima de todos los intereses particulares.
Puede haber símbolos que enfrentan a los hombres, que los distinguen, que los dividen. Los hombres se dividen a veces por banderías políticas y tienen un símbolo que los distingue a veces hasta en el deporte, los colores, el escudo, el distintivo, es un símbolo que está representando a ese club. Pero por encima de los distintos colmes de boinas o de 'distintivos políticos, por encima de las diversas camisetas de los clubes, por encima de todos aquellos símbolos de realidades menores, está la Bandera que es el único símbolo que une a todos los argentinos en una empresa común, en la cual Dios nos quiere. Y esa empresa común es la Patria.
Decíamos que el símbolo es algo que hacen los hombres. Pero los hombres para hacerlo tienen algún motivo, y después ese símbolo que ha sido elegido pudo a lo mejor ser de otro color, de otra forma, pero ese símbolo que ha sido elegido se une a la historia de una Patria. Y van pasando los siglos, los años, va pasando el tiempo y ya no se puede decir de ese símbolo que se puede cambiar, que es sólo un pedazo de trapo, que es algo que podría ser distinto. No. ¿Por qué? Porque cuando ese símbolo ha pasado a ser el distintivo de una Nación y de una historia, ese símbolo de alguna manera está siendo consagrado por los hombres. Por los hombres en el cual mirándolo se reconocen, por los hombres que han derramado su sangre para defender ese símbolo sabiendo que defendían a la Patria, por los hombres que han prestado por generaciones y generaciones el juramento, por los que han sentido un día en su corazón la emoción al ver la Bandera que se iza en la mañana en el patio de la escuela, o en el mástil del cuartel. El símbolo que une a todos los argentinos por encima de cualquier otra cosa, el símbolo, que como decíamos, dependiendo de quienes han derramado su sangre, ya no es algo accidental, ya es algo importante, es algo que va unido de manera profunda a la historia de una Patria.
Las raíces marianas de la Bandera
Y también decíamos que el símbolo, si bien pudo haber sido de otra manera, sin embargo, los hombres que decidieron elegir ese símbolo, no lo hicieron por casualidad. Y aquí hay algo que mira. a las raíces más profundas de nuestra Patria y de nuestra Fe. Muchas veces se dice -y lo hemos dicho desde aquí en estas Misas por la Patria que los colores de nuestra Bandera son los colores del manto de la Virgen. Pero algunos pueden creer que eso es una comparación poética. ¿No es cierto? Lo mismo que lo puede decir una maestra en un colegio: los colores de la Bandera, son los colores del cielo, las nubes blancas, el cielo azul, la nieve de las montañas. Es una hermosa comparación, pero es una comparación poética. Cuando decimos que los colores de la Bandera son los colores del manto de la Virgen, no estamos haciendo solamente una comparación poética, porque los colores de la Bandera argentina son los del manto de la Virgen, no por casualidad sino porque ésa fue la voluntad expresa del creador de nuestra Bandera y así nos lo señala la Historia. Cuando el Rey Carlos III consagra en 1761 España y las Indias a la Inmaculada y proclama a la Virgen como principal Patrona de sus reinos, creó la orden real que se va a llamar «Orden de Carlos III», cuyos Caballeros recibían como condecoración el medallón con la imagen azul y blanca de la, Inmaculada, la cual estaba colgada al cuello, pendía del cuello de una cinta. Y el artículo 4° de los Estatutos de la Orden describe esta cinta: las insignias serán una bandera de seda ancha dividida en tres franjas iguales; la del centro blanca y las dos laterales color azul celeste. Los colores de la Inmaculada a la cual el Rey ha consagrado España y las Indias. Esta cinta la usaron los voluntários que acompañaron a Pueyrredón en 1806 en la lucha contra lós invasores ingleses y la llevaban anudada al cuello, como el pañuelo del criollo. Y habían elegido para esa cinta la medida de 38 centímetros que era el alto de la imagen de la Virgen de Luján. Y también, los mismos húsares de Pueyrredón, van a usar esta cinta en 1807 en la defensa de Buenos Aires contra los invasores ingleses. Pueyrredón y Azcuénaga usaban la cinta porque eran Caballeros de la Orden de Carlos III. Belgrano no la usaba porque él era Congresante mariano en las Universidades de Salamanca y de Valladolid. Y al recibirse de abogado, Belgrano juró defender el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Patrona de las Españas.
Cuando en el año 1794 Belgrano es nombrado Secretario del Consulado, lo puso bajo la protección de Dios y eligió como Patrona a la Inmaculada Virgen María y colocó los colores azul y blanco. en el escudo del Consulado que estaba en el frente del edificio.
Cuando emprende la marcha con sus tropas hacia el Paraguay para luchar por nuestra independencia, asiste a Misa con todo su ejército en Luján y pone al ejército bajo la protección de la Virgen.
No es por tanto por casualidad que Belgrano elige el color azul y blanco para dárselo a nuestra Bandera. Y de esto tenemos testimonios bien expresados. José Luis Gamboa, que era miembro del Cabildo de Luján junto con un hermano de Belgrano y que estaba allí cuando Belgrano pasa con sus tropas, escribe: «Al darle Belgrano los colores azul y blanco ala Bandera de la Pátria había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, honrar a la Pura y Limpia Concepción de María de quien era ardiente devoto, por haberse amparado en su Santuario de Luján». Y el otro testimonio, que es el del Sargento Mayor Carlos Belgrano, hermano de Manuel Belgrano, desde 1812 Comandante Militar de Luján y Presidente del Cabildo de Luján. Y dice Carlos Belgrano: «Mi hermano tomó los colores de la Bandera del manto de la Inmaculada de Luján, de quien era ferviente devoto».
Por eso mismo, el Coronel Domingo French pudo decir en su proclama alas tropas de la Isla de Luján el 25 de septiembre de 1812: «Soldados, somos de ahora en adelante el Regimiento de la ' Virgen; jurando nuestras banderas os parecerá que besáis su manto. Al que faltare su palabra, Dios y la Virgen por la Patria se lo demanden».
La Revolución Cultural: antipatriótica
Asi nació nuestra Patria argentina. Así nació nuestra Bandera. Esos hombres de Fe, ardientes patriotas y grandes devotos de la Virgen, fueron los que fundaron esta Nación. Yeso es una realidad que nadie puede negar y que nosotros, por Dios y por la Patria, no tenemos derecho a olvidar y no tenemos derecho a traicionar.
Hoy vivimos en nuestra Patria una lucha que quiere destruir todos esos valores y olvidar nuestro pasado. Vivimos una revolución que de alguna manera es más peligrosa que la situación que vivió la Patria hace algunos años, cuando las guerrillas armadas querían apoderarse del poder para imponemos la bandera roja. Es más peligrosa porque mientras los montoneros del ERP lo hacían empuñando las armas con atentados o crímenes, esta lucha es una lucha disfrazada y sutil. Lo que estamos viviendo hoy es una Revolución Cultural que quiere hacer un hombre nuevo, pero hacerlo desarraigándolo de su pasado, de sus valores, de su Fe, de la Historia. Es lo que se procura desde tantos medios de difusión en este tiempo. Personajes que tienen lugares importantes en la televisión o en la radio. Publicaciones periódicas como Humor, como El Periódista y como otra serie de revistas que hasta me daría vergüenza nombrar delante del Señor porque sería peor que decir malas palabras aquí delante de El. Personajes que tienen lugares importantes en la formación de nuestra juventud, en la cultura, o que quieren manipular desde posiciones de importancia del Congreso Pedagógico para dar una indicación a nuestros jóvenes, desarraigada de todos los valores tradicionales de la Patria y de la Fe.
Se quiere crear un hombre nuevo sin raíces. Es lo mismo que pasa en todas aquellas cosas que tienden a destruir la familia a través de ese aluvión de inmundicia y de pornografía que tenemos. A través de la Ley de Divorcio que destruye la solidez que debería fundar a la familia. Junto con la Ley de Divorcio se ha aprobado la liberación de los anticonceptivos, y hay quienes ya están pensando en una nueva ley qué sirva para aprobar el aborto, lo que afecta a la familia, hasta en sus ,mismas raíces. Mañana es también el Día del Padre. ¿Qué podemos pensar de aquél que no tiene respeto por sus padres? De aquél que- se avergüenza de su apellido. De aquellas familias que quieren fundarse no sobre la roca sólida de un amor definitivo y de una palabra que vale para siempre, sino sobre la arena movediza de las pasiones humanas. ¿Qué podemos pensar de aquellos que rechazan la vida? Dios perdona siempre, los hombres algunas veces perdonamos, pero la naturaleza no perdona nunca. Y cuando el egoísmo en un familia sin arraigo rechaza la vida, esa vida de alguna manera se venga. Y es lo que vemos en estos tiempos: los padres que no quieren hijos, o que no quieren hacerse responsables de los hijos, y que después se encuentran en la vejez, con que los hijos rechazan a sus padres. Y por eso nuestro tiempo, es el tiempo de las clínicas abortistas y es el tiempo de los asilos para ancianos. La vida, la naturaleza, se venga. El que ha sido egoísta con la vida que nace se va a encontrar después con el egoísmo que rechaza a la vida que declina. Yen lugar del respeto por los ancianos, el olvido, el abandono y el desprecio.
Por eso en las naciones donde ya se ha aprobado la Ley del Aborto, se empieza a discutir una Ley de Eutanasia. Para la desaparición, para la eliminación. Si miramos con un criterio materialista, con un criterio que no sea una criterio de Fe, ni siquiera un criterio íntegramente humano, con un criterio por el respeto a la vida, por cierto hay que eliminar a los viejos y a los niños porque ninguno de los dos produce. Esa es la mentalidad egoísta.
Pero donde se toca a la familia se crea una situación de desarraigo. Aquí desde el Altar hemos señalado también el año pasado que el Papa Juan Pablo II nos da un ejemplo de amor profundo a su Patria polaca, y él decía en el Mensaje a los jóvenes del Año de la Juventud cómo. el amor a la familia o el arraigo de la familia nace también del amor y nace del arraigo de la Patria. Porque la Patria es como una prolongación de la familia, es como una familia grande, porque la Patria es mi familia y son también todas aquellas otras familias que están ligadas a la mía por lazos de historia común, de tradición, de cultura, de lengua, de Fe. Entonces cuando se afecta a la familia, cuando se hiere a la familia, se está hiriendo a la Patria en sus mismas raíces, en sus células fundamentales.
¿Qué podemos pensar de aquél que se avergüenza de sus padres, de una familia que rechaza la vida? Es negro el futuro de esa familia. Y lo mismo podemos decir: ¿qué podemos pensar de una Patria que quiere renegar de sus orígenes? Pero no podrán hacerlo. Porque esto que decimos, esta referencia que hacíamos al espíritu, al alma de los próceres que hicieron la Patria, San Martín, Belgrano... Esa es la realidad de nuestra Argentina y estos ideólogos extranjerizantes, estos ideólogos sin Patria que quieren desarraigar esto del alma de los argentinos, no podrán conseguirlo. Nuestra Patria está hecha así, nuestra Patria nació así. Esa es la realidad de nuestra Patria.
Los señores laicistas que quieren arrojar a Dios de las escuelas, desde hace más de cien años trabajan para eso, los que quieren arrancar el Crucifijo de las escuelas, tendrán también que arrancar los retratos de San Martín y los retratos de Belgrano, que son los primeros que tenían el Crucifijo y la enseñanza de la fe en las escuelas. Los que no quieren que en las escuelas se enseñe a conocer a Dios, se enseñe el Catecismo, tendrían que prohibir que en las escuelas se enseñe el Martín Fierro, la obra grande de nuestra literatúra porque en el Martín Fierro se refleja la Fe de nuestros criollos, se refleja la Fe de nuestros gauchos. Los que quieren arrancar en la reforma constitucional los tímidos rasgos o afirmaciones de catolicismo que tiene nuestra Constitución argentina, tendrían que cambiar también los colores de nuestra Bandera, porque son los colores del manto de la Virgen por la voluntad de su creador, el general Belgrano.
Pero si una familia que olvida sus raíces, sus orígenes, si un hijo que reniega de sus padres y de lo que ha recibido de sus padres, un hijo que se avergüenza de sus padres, tiene un negro futuro, también es negro el futuro de una nación que
reniega de los orígenes y del espíritu de aquellos. que la fundaron y del espíritu con el cual la quisieron y con el cual la fundaron.

Defender el manto de la Inmaculada.
Por eso, tenemos motivos para rezar al Señor por esa Patria y en este día de la Bandera. Pero la oración tiene que damos fuerza para cumplir con nuestro deber en la familia, en la escuela. Pero el testimonio, cualquiera que sea el lugar donde Dios nos pide que demos testimonio, digámoslo con las palabras del mismo General Belgrano: «La Patria está en peligro inminente de sucumbir. Vamos pues soldados a salvarla. Veis en mi mano la Bandera Nacional que os distingue de las demás naciones del globo. No olvidéis jamás que vuestra obra viene de Dios. Que Él os ha concedido esta Bandera y que nos manda que la sostengamos con el honor que le corresponde. Jurad no abandonada. Jurad sostenerla para arrollar a nuestros enemigos. Nuestra sangre derramaremos por esta bandera».

Y para terminar, expresando este "espíritu poéticamente digamos:

«La Bandera es ese paño que simboliza la Patria, y es el manto de la Virgen, Patrona de toda hazaña, que por eso fue creada de color azul y blanca. Cuando hizo falta una enseña justo previo a la batalla, la que resistió al demonio en las selvas tucumanas, la que envolvió al camarada en ese último viaje, hacia las mismas entrañas de la tierra americana, la que ha tremolado al viento sobre tantas mentes claras, defendiendo a la Nación de invasores de otras playas.
La que llena de crespones mordiendo penas y lágrimas, cada 2 de Abril recuerda su gesta contemporánea. Será el gesto más puro, la caricia más honrada, porque al besar la Bandera, besas la Argentina amada.
Entre sus pliegues de seda se quedarán tus palabras, para que el Señor te premie si las cumples y las guardas. y si al fin mueres por ella, ella será tu mortaja. Tu cuerpo descansará en los brazos de la Patria, porque te juro hijo mío, Argentina está completa
en la enseña azul y blanca».

Como en la familia podemos decir que el hombre no separe lo que Dios ha unido, podemos decido también de nuestra Patria. Que nadie se atreva a separar a aquellos que están unidos desde el principio de nuestra Historia. El amor a la Patria en la Bandera y el amor de Dios en los colores del manto de nuestra Virgen Inmaculada. Asi sea.

Poesia patria

Argentino no te rindas
No te rindas.
Valió el fuego y el hielo,
las noches sin descanso,
los días en camino.
Valió acampar a la intemperie con la Gloria,
desafiar con orgullo al prepotente,
izar nuestro estandarte donde cuadra,
ejercitar la hidalguía como un hábito,
frente al asombro de los habituados al mal y al extravío.
Valió asistir al vuelo de los héroes;
presenciar el temor del enemigo.
Valió entender que se es capaz de estar presenteaunque se ciernan todos los peligros
–solo entre la nieve soberana,solo entre las rocas y entre el frío-
aunque el mundo, a lo lejos,se duerma ajeno con sus propios ruidos.
Podrán aventajarnos en las fuerzas,
pero no en el Destino.
No te rindas.
Valió la Pascua esperando al invasor.
Nunca en la Argentina de estos tiempos
tuvo tanto sentido aquella
nueva y eterna Resurrección de Jesucristo.
Valió consagrar a María –Madre y Reina-
nuestras tierras robadas por una reina impía.
Valió, también, vivir el 25 de mayo en pie de guerra.
Se entendió entonces, porqué la Patria es ante todo,
su Historia Verdadera,
porque es la obra de la Cruz y de la Espada.
No te rindas.
No olvides.
No hagas fugaz lo perenneni venzas el espíritu invencible.
Valió comprobar que existen los milagros,
que la hazaña desfila todavía;
que el mando es de los Jefes que comandan;
que no puede ordenar el cobarde,
ni regir el incapaz de valentía.
La milicia es un don que no admite a los tibios.
Sólo el coraje distingue y jerarquiza.
No te rindas.
Valió la Fe creciendo con los riesgos,
las Misas de los domingos entre peleas
–el sacrificio sobre el Sacrificio-;
el reparar los nombres de las Islas,
la amistad en un alba centinela.
Valió la sed, el hambre, la fatiga.
Y sobre todo... valió la sangre y la muerte batallando.
El testimonio irreversible de todos los caídos.
El ejemplo para siempre de los que regresaron nunca.
Porque morir en la avanzada es ser lumbre y simiente,
es convertirse en promesa del Triunfo.
Por ellos y por eso, no te rindas.
No acates las noticias del desbande,
no escuches el silencio de los cómplices,
no consientas marchar hacia el abismo;
no creas a los prometedores de éxitos que ya son fracasos.
Que no te engañen con la paz sin honra,
con la tranquilidad afrentosa y el reposo sin honor y sin grandeza.
No existe la Argentina si existe derrumbada.
No queremos la tregua del sentenciado;
queremos la vigilia tensa, armada.
No te rindas ahora,
Combatiente:Caballero de la Orden Redentora de la Patria Cautiva.
No entregues la Esperanza.
Hay que volver.
Para escarmentar a los perjuros,
para restablecer en todos los espacios el tiempo de la hombría,
para que despunte el Nuevo Amanecer.
Para ser fieles, continuar y volver...
Los enemigos internos y externosnos han tomado de rehén a la Victoria.

Antonio Caponnetto