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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Hilaire Belloc, el pionero del catolicismo intelectual.


Intelectual católico en el mundo anglosajón


Belloc es el intelectual católico que más ha hecho por afianzar el catolicismo en Inglaterra, con el tremendo revés de ser de origen francés en un país tan orgulloso de los propio como el anglosajón.

Nacido en la localidad de La Celle-Saint-Cloud en 1870, su familia se estableció en las islas el mismo año de su nacimiento. No obstante, mantuvo su nacionalidad gala hasta 1902, cuando obtuvo la inglesa, por lo que su servicio militar lo realizó en 1891 en el ejército francés.

Estudio en el colegio oratoriano de Edgbaston y posteriormente en 1892 se matriculó en la Universidad de Oxford.

Por la gran preparación clásica que daban los padres oratorianos fundados por San Felipe Neri y a los cuales se incorporaría después de su conversión el futuro cardenal Newman, Belloc se interesó por la historia, habiendo destacado en su conocimiento y ganando algunos premios en el colegio.

En 1896, Belloc contrajo matrimonio con una californiana, Elodie Hogan, quien se convirtió en el gran amor de su vida quedando muy afectado, cuando ella murió en 1914, dejándole a Belloc a cargo de los cinco hijos del matrimonio. Además de la carga familiar, el escritor anglofrancés tenía una intensa vida pública.

En 1906 había salido diputado por el distrito de South Salford por los liberales, en el parlamento se desencanto del sistema parlamentario al comprobar la intensa corrupción con los fondos electorales y el sostenimiento de una oligarquía política que monopolizaba la representación, impidiendo que la sociedad tuviese una verdadera representación democrática. Sin embargo, sus protestas le ocasionaron la marginación del partido. En 1910 todavía salió reelegido como independiente, pero renunció al escaño por no considerar al sistema parlamentario representativo de la sociedad.

Al mismo tiempo, Belloc había desarrollado su obra literaria con novelas como Mr. Clutterbuck´s Election, Pongo and the Bull y Verses and Sonnets también se hizo celebre por sus biografías históricas dedicadas a Danton, Robespierre y María Antonieta.

Pero sus ensayos fueron los que le dieron su justa fama, Averil, The Path to Rome y especialmente The Servile State y The Party System, este último en colaboración con Cecil Chesterton. El éxito de sus escritos causó que Belloc junto a los hermanos Chesterton se decidiesen por la aparición de un periódico, The Eye Witness, del que fue su primer director el propio Belloc.

Cecil Chesterton le sustituyó, la quiebra provocó que apareciese con la cabecera de The New Witness, pero Cecil murió en el frente, así como Luis, uno de los hijos de Belloc. Gilbert Chesterton, el novelista pasó a ser el director, en 1923 volvió a desaparecer y reapareció como G. K. ´s Weekly, cuando falleció Chesterton, Belloc volvió a ser su director, después como The Weekly Review. El periódico sería posteriormente liderado por un yerno de Belloc, Reginald Jebb. Desde sus líneas los escritores católicos lucharon contra la corrupción y contra la explotación de la sociedad por una oligarquía política.

Belloc prosiguió con sus obras históricas, The Jews en 1922 y History of England entre 1025 y 1931. En sus obras subrayó a la religión como la fuerza determinante de la sociedad. El autor anglofrancés escribió más de 150 libros y numerosos artículos, siendo uno de los pocos intelectuales de origen católico, pero su amistad contribuyó a la progresiva conversión al catolicismo de hombres de renombre como los hermanos Chesterton.

Sin embargo, aunque sus éxitos literarios se sucedían en Estados Unidos y Europa, en 1941, su hijo Peter moría en combate en plena Guerra Mundial, la pérdida le afectó y no volvió a escribir ningún libro. Las quemaduras producidas por quemarse por accidente en su chimenea le produjo finalmente su muerte en julio de 1953.







Articulo tomado de Revista Abril

martes, 12 de agosto de 2008

Libro recomendado...

Las Cruzadas

Este libro se propone tratar ese tremendo conflicto armado entre la Cristiandad y el islamismo, que tomó la forma de la Primera o Gran Cruzada. Gibbon, en una expresión concisa, como todas sus fraudulentas sentencias, y mucho más exacta que la mayoría de éstas, denominó a este importante episodio de nuestra historia "La disputa mundial".

Ese momento de la Historia no debe ser olvidado por ningún hombre moderno que haya incurrido en el error de creer que Asia ha caído por fin bajo el dominio de Europa, y que el islamismo está ahora esclavizado, al menos bajo nuestro poderío político y económico, ya que no por nuestra filosofía. No es así. El islamismo subsiste en lo esencial, y no habría sobrevivido si la Cruzada hubiera conservado en su poder ese punto esencial que es Damasco.

El islamismo subsiste. Su religión está intacta, y, por lo tanto, su fuerza material puede volver a manifestarse. Nuestra religión, al contrario, está en peligro de ser disuelta.

Hilaire Belloc (1937).


HILAIRE BELLOC

Belloc se presentó a las elecciones generales de 1906 en el distrito de South Salford por el partido liberal. El partido conservador basó su campaña en el eslogan: "No vote por un francés catolico". Belloc comenzó su primer mitin con estas palabras:

"Caballeros, soy católico. Si me es posible, voy a Misa todos los días. Esto [sacando un rosario del bolsillo] es un rosario. Me arrodillo y paso estas cuentas todos los días si me es posible. Si me rechazan por este motivo, agradeceré a Dios que me ahorre la indignidad de ser vuestro representante."

Finalmente ganó las elecciones y el escaño.

Robert Speaight.
The life of Hilaire Belloc(Londres, 1957).


"... poco después vimos a un joven [Belloc] levantarse y decir tres palabras tranquilas: aun así sentimos que eran como una carga de caballería. Tu odias los discursos políticos, Frances, por eso no hubieras odiado el de Belloc. En cuanto empezó a hablar uno se sentía elevado lejos de los típicos argumentos viciados repetidos cuarenta veces, hacia reflexiones inteligentes, nobles y originales sobre la Historia".

G. K. Chesterton
Carta a Frances, entonces su prometida. (1900).


Prólogo del libro Las Cruzadas


PROOEMIVM

Muchas son las formas en que pueden considerarse las Cruzadas.
Fueron, en su totalidad, una continua lucha entre nuestra
civilización y el mundo del islamismo, que dominó casi a
Europa. Este vívido contraste entre dos mundos impresiona a
todos los espíritus que con mayor o menor intensidad tienen noción
del pasado. El color y el drama de la guerra medieval llenan
la historia. Puede también considerarse la Cruzada, en su aspecto
más profundo, como conflicto entre la Cristiandad y ese inmortal
Anticristo que desea matar a la Cristiandad. Las Cruzadas
pueden asimismo considerarse (y esto es lo más común, como tema
para novelas, aspecto bajo el cual han sido presentadas al mundo
de habla inglesa, en particular por el genio de Sir Walter Scott
en The Talisman, excelente novela, aunque antihistórica hasta
lo grotesco. También podría hacerse de las Cruzadas un texto para
ejemplificar la fuerza y la debilidad del temperamento gálico, y,
por último, un texto para ejemplificar la eternidad, el elogio y los
vicios del islamismo.
En este estudio, el autor se ha ocupado de otra faz de la historia,
limitada, aunque esencial. Ha intentado demostrar por qué
y cómo, en cuanto esfuerzo militar y debido a errores militares, el
gran experimento primitivo terminó en el fracaso; por qué y cómo
por la excelencia militar de sus primeros jefes llegó a estar tan
cerca del triunfo, y cómo quizá se habría logrado. Trata esta historia
como la historia de lo que fue esencialmente una única y
constante campaña, y hasta una sola y única batalla, batalla que
duró noventa años, batalla cuyo objetivo político fue el Santo
Sepulcro; batalla que, de lograr sus fines, habría tenido quizá un
resultado político que hubiera modificado el mundo; batalla, en
fin, que comenzó con una ofensiva victoriosa y que terminó en
una derrota absoluta.
Por ser éste su tema, lo ha circunscrito todo al esfuerzo de
exponer lo que los primeros cruzados se propusieron lograr, y cierra
el circuito con la pérdida del Santo Sepulcro.

H. BELLOC
King’s Land, 1937.