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jueves, 21 de agosto de 2008

El Error Progresista

Claves Para Entender El Error Progresista


Al cumplirse el trigesimo aniversario de la muerte de este nobilisimo Pastor de nuestra Patria, «El Caballero de Nuestra Señora» ha querido traer, una vez mas, la claridad de su enseñanza. Esta vez hemos elegido dos puntos tratados en el libro «Un Progresismo Vergonzante» (1) donde el Padre Menvielle nos muestra cuales son los errores fundamentales de esta tendencia que ha enfermado a la Iglesia, en especial a esta que peregrina en la Argentina. Una vez mas veremos que la luz de la enseñanza del Padre Julio (como lo llamamos con cariño en Versailles) sigue vigente, pues es el reflejo de la luz de la Iglesia, de la cual no se aparto jamas, sino que amo y defendio con la valentia que nos falta muchos catolicos de hoy, cuando nos enfrentamos al error y la mentira. Y su valentia se dio por el amor, el amor a Cristo que es el Camino, la Verdad y la Vida, por ello acertadamente pusieron en su lapida sus amigos, mal que les pesaba a los progresistas y enemigos de la Iglesia, «AMO LA VERDAD»

Algunos Errores y Desviaciones del Progresismo Cristiano

Es muy dificil caracterizar con precision los errores y desviaciones en que incurre el progresismo cristiano en casi todos los aspectos de la doctrina y de la vida religiosa. Algunos mantienen algun error o desviacion y otros, otras. La enumeracion que vamos a realizar, ni es exhaustiva ni es formulada por todos los que se dicen progresistas.

En primer lugar, hay en los progresistas, sobre todo seminaristas y sacerdotes, un desprecio bien marcado de la filosofia y de la teologia de Santo Tomas; sabido es que para la Iglesia, Santo Tomas de Aquino es el primer Doctor que ha logrado una sintesis hasta ahora insuperable de las enseñanzas cristianas y las ha expuesto en un cuerpo de doctrina que forman toda una arquitectura. Pues bien, los clerigos progresistas desprecian la filosofia y teologia tomista, arguyendo que toda ella esta en dependencia de una ciencia arcaica y superada ya definitivamente. Luego, asi como esa ciencia ha caducado, tambien caduca la metafisica y la teologia de Santo Tomas. No es dificil advertir el error de estos clerigos progresistas. La metafisica y la teologia son independientes de la ciencia experimental que poseia Santo Tomas; lo importante en aquella metafisica y en aquella teologia, es la formulacion de los primeros principios de la realidad y del ser. Rechazar a Santo Tomas, es rechazar la filosofia del ser, y caer por lo mismo en una filosofia de la idea, de la vida, del devenir, de la existencia. Por ese camino se hace imposible alcanzar el ser y por lo mismo, poner en cotacto racional al hombre con Dios, su Creador. Por ese camino el hombre cierra el camino de su inteligencia hacia Dios y se hace incapaz de levantar una teologia que respete los fundamentos naturales y racionales, sobre los cuales se ha de apoyar luego la Revelacion y la teologia.

En los progresistas, de que estamos hablando, hay una tendencia a revisar todos los tratados de la teologia escolastica y tomista, con el pretexto de que se debe tomar contacto con las fuentes, a saber, con la Biblia y la enseñanza de los Padres. Esta tendencia puede ser buena si no se niega el progreso legitimo que se ha operado con las grandes disquisiciones y tratados de los doctores posteriores, pero los progresistas desprecian estos estudios y tratados; quieren volver a una teologia puramente biblica y patristica.

Esta tendencia es tanto mas peligrosa y se convierte en fuente de innumerables errores, si tenemos en cuenta que hoy la Biblia esta sometida a un bombardeo criticista demoledor por parte del nuevo racionalismo. Hay exegetas, como por ejemplo Rodolfo Butmann, que estan empeñados en desmitizar, como ellos dicen, el Kerygma cristiano. En esta tarea reducen a muy poco la palabra divina de la Escritura, so pretexto de que todo es mito, incluso la Resurreccion del Señor. Sabido es que algunos biblistas catolicos rechazan, por ejemplo, la infancia del Evangelio de San Lucas, y dicen que el Magnificat no es un cantico pronunciado por la Virgen. Se abre asi, por este camino, las puertas a la destruccion total del Antiguo y del Nuevo Testamentode las Escrituras Sagradas.

Al rechazar la teologia de Santo Tomas, recomendada insistentemente por el Magisterio de la Iglesia (2), se han de inventar nuevas teologias, apoyadas por falsas filosofias, como por ejemplo en el historicismo, evolucionismo y en el existencialismo. Sabido es como PIO XII en la «Humanis Generis» (3), ha condenado todas estas tendencias peligrosas de la nueva teologia. Pero el progresismo no hace caso de las advertencias de los Papas. Otra desviacion grave del progresismo, es el rechazo y la disminucion que hace la autoridad del Papa y de la Curia romana, rechazando el magisterio ordinario de la Iglesia; en este punto los progresistas formulan las afirmaciones mas pintorescas. Para ellos, cuando muere un Papa, pierden valor todas las verdades por el enseñadas. Este error es tanto mas grave cuanto es conocido que las enseñanzas de kis Papas giran alrededor de la Revelacion y del orden filosofico natural que guardan un valor permanente; por ello es que los Papas en sus documentos invocan doctrinas del Magisterio anterior de sus predecesores.

La campaña de desprecio del Magisterio de la Iglesia va acompañada asimismo de una campaña contra la persona de grandes Pontifices, como por ejemplo de Pio XII. No se le perdona a este Papa que haya promulgado en 1950 la «Humanis Generis» contra las desviaciones de la nueva teologia; tampoco se le perdona que haya condenado el movimiento de los «pretres ovrieries» y haya puesto termino a los desmanes de algunos teologos dominicos, ni haya canonizado a San Pio X.

Algunos progresistas, sobre todo en Francia, presenta una imagen de la Iglesia como si su centro, que esta en Roma, tendría por funcion frenar, mientras que la periferia seria dinamica y empujada por el Espiritu. La mano romana que frena, se dice, es retrograda y esterilizante, mientras que el motor de la periferia de muestras de inteligencia de las situaciones y de audacia apostolica.

Los progresistas, llevados por un falso ecumenismo, se atreven a rebajar los privilegios de la Virgen y asi se oponen, por ejemplo, a que se le reconozca a Maria o se le de el titulo de Medianera Universal de todas las Gracias.

Los progresistas, renovando los errores del pelagianismo, estan tambien llevados a negar o oscurecer la nocion de pecado y de infierno. Fundandose en tesis del psicoanalisis y de la psicologia profunda, se ven movidos a negar la malicia y la responsabilidad del pecado, sobretodo los pecados sexuales.

En la vida espiritual, hay en los progresistas un empeño en suprimir el esfuerzo de los actos y de las practicas individuales en beneficio de una piedad exclusivamente comunitaria. En estos errores, suelen incurrir los progresistas de un liturgismo comunitario exagerado.

Habria que señalar tambien los errores y desviaciones de un personalismo peligroso que lleva a formular la tesis de la libertad religiosa comno la deun derechyo a a profesion publica de cualquier error y que elabora toda una moral individualista o de la situacion.

El Error Fundamental Del Progresismo (4)

Pero no está en estos errores lo más caracteristicos del mundo moderno. El error fundamental consiste en negar la necesidad de un orden social cristiano o lo que el magisterio eclesiastico llama, desde los días de Leon XIII hasta el Pontifice reinante (Pablo VI), la civilizacion cristiana o la ciudad catolica; los progresistas niegan que haya tal civilizacion cristiana o tal orden social público - cristiano. En París se ha llegado a afirmar en audiciones públicas de radio, que tal concepto no existe en el Magisterio de la Iglesia; cuando se hace evidente que hay por lo menos cerca de 50 documentos que hacen referencia explícita a la «civilización cristiana». También califican los progresistas de nacional-catolicismo el intento de llevar a la práctica el programa de la ciudad católica.

Al rechazar los progresistas la civilización cristiana, rechazan los derechos de la Realeza de Cristo sobre el orden temporal de la vida pública; es decir, sobre las familias, los grupos sociales, los sindicatos, las empresas, las naciones y el mundo internacional. Derecho de la Realeza de Cristo, a que el orden temporal se conforme a las enseñanzas y a la legislación de la enseñanza cristiana. El progresismo rechaza el orden social público cristiano y lo tacha de catolicismo «constantiniano», «gregoriano», «sociologico», a fin de presentarle con un aspecto odioso. No faltan sacerdotes, como el dominico Liege, que afirman que trabajar para el orden social cristiano, para la civilizacion cristiana, es hacer obra mas negativa y nefasta que el mismo comunismo.

Al rechazar la necesidad de trabajar para la implantacion de un orden social cristiano, los progresistas vense obligados a aceptar la ciudad laicista, liberal, socialista o comunista, de la civilización moderna. Aquí radica el verdadero error y desviación del progresismo cristiano, en buscar la alianza de la Iglesia con el mundo moderno. Al calificar de mundo moderno, no hacemos calificación de tiempo, sino una calificación de la naturaleza de la sociedad moderna, y sobre todo del espíritu de dicha sociedad. La sociedad moderna, que comienza en el Renacimiento y se continúa con el naturalismo, el liberalismo, el socialismo y el comunismo de la vida pública, es una sociedad que tiende a rechazar a Dios y a hacer del hombre un dios que con su esfuerzo creador va a lograr su destino y su felicidad. Por ello, como veremos más adelante, el humanismo que comienza en el Renacimiento, termina con el comunismo, en que el hombre se constituye en el creador exclusivo de su propio destino, que no sólo no necesita de Dios sino a quien Dios le estorba y le molesta, por cuanto la creencia en Dios le mueve a no poner en sí mismo el esfuerzo de su obra creadora. Por ello para Marx la religion es una alienacion que disminuye al hombre.

Esta alianza de la Iglesia con el mundo moderno que promueve el cristianismo progresivo, le lleva a dar categoría de ciencias supremas, a la psicología y a la sociología; a la psicologia que analiza y dirige los condicionamientos internos del hombre; y a la sociologia que dirige y conduce los condicionamientos externos. El hombre así alejado del orden social cristiano, trabaja en el orden laicista de la psicología bajo la influencia de Freud; y en la sociología bajo la influencia de Marx.

El cristiano progresista, sobre todo hoy, tiende a unir comunismo y cristianismo. Para ello íncurre en graves errores y desviaciones. En primer lugar, en hacer del comunismo y del marxismo un verdadero «humanismo» con valores positivos que se han de salvar. Es claro que para hacer afirmación tan peregrina, deben desarticular al marxismo y cxomunismo y con ello negar su caracter de totalidad, que se afirma sobre todo en su contextura dialéctica. El marxismo es un materialismo dialéctico que hace del hombre un puro «trabajador», cuyo valor se ha de medir por su eficacia productiva en la edificacion de la sociedad comunista. El hombre marxista es un ser degradado a quien se le ha quitado su dignidad «divina», su dignidad «humana» y aún su dignidad «divina», su simple engranaje de la maquinaria comunista. Es absurdo llamar humanista a aquello que constituye la degradación del hombre.

El cristiano progresista es llevado asimismo a valorar el comunismo por su rechazo fundamental del capitalismo. Al entrar en la dialéctica capitalismo-comunismo, burgués-proletario y al rechazar como enemigo primero al capitalismo, el cristiano progresista vese obligado a aceptar el comunismo. Pero esta dialéctica es falsa, propia de una sociedad que levanta el primer plano los valores ecónomicos están los políticos, culturales y religiosos.

Ademas, el cristiano progresista se hace una idea errónea del «Sentido de la Historia» como si éste hubiese de encaminarse inexorablemente hacia el comunismo, con el cual habría que pactar desde ya. Pero aunque el comunismo, como mañana el Anticristo, hayan de imponerse por un momento en la Historia, no por eso se les debe aceptar. Sino al contrario, habrá que combatirlo para que sólo impere el Reino del Señor. Así como obraron perversamente los católicos que como Lamennais en el siglo pasado abrazaron el liberalismo, así también los católicos progresistas que hoy mezclan catolicismo con comunismo.

Debajo de este error progresista que quiere aliar cristianismo y comunismo, existe el otro error más general, que consiste en aliar al mundo moderno - en el sentido antes explicado de laicista y ateo- con la Iglesia. Error condenado en proposicion 80 del Syllabus (5), que dice: «El Romano Pontifice puede y debe reconciliarse y transigir con el «progreso», el liberalismo y la civilización moderna»

Si la civilización moderna envuelve la autonomia absoluta del hombre frente a Dios, es harto claro que la Iglesia no puede reconciliarse con ella. Y no se crea que esto podría ser verdad del pasado que ha perdido todo vigor. Al contrario. Es una enseñanza constante desde Pío IX hasta Juan XXIII. En efecto, este último Papa, en un documento tan importante como la «Mater et Magistra», llega a afirmar que la «Iglesia se encuentra hoy colocada delante de esta pesada tarea: hacer a la civilizacion moderna conforme a un verdaderamente humano y a los principios del Evangelio». Lo cual significa que en opinión de Juan XXIII, la civilización moderna ni es conforme a un orden humano ni a los principios del Evangelio. Ya esto mismo lo había advertido Pío XII, cuando señalaba que «era todo un mundo el que era necesario rehacer desde sus fundamentos; de salvaje, hacerlo humano; de humano, de hacerlo divino, según el corazón de Dios. Ya el mismo Pío XII, hablando a los capallanes de la juventud Católica, el 8 de setiembre de 1953, los exhortaba a sentirse «movilizados para la lucha contra un mundo tan inhumano porque tan anticristiano».

Esta forma de posicion frente a la civilizacion moderna, nos va exigir una formulacion de los principios básicos de una teologia de la Historia para juzgar a la civilizacion moderna. ¿La civilización moderna que se desarrolla desde el Renacimiento aquí en un proceso continuo de mayor materialismo - desde el naturalismo al comunismo importa un progreso del hombre en cuanto hombre, o más bien un regreso y degradación?. He aquí el problema de nuestra próxima conversación.

Alguien preguntará : ¿qué desarrollo tiene el progresismo cristiano entre nosotros?. Debemos decir que está desarrollando muy rápidamente no sólo en el Gran Buenos Aires sino también en el interior. Contribuyen a su desarrollo sacerdotes jóvenes, seminaristas y algunos laicos de organizaciones católicas. Ya el año pasado se denunció el grupo «progresista» y casi abiertamente comunista «Epoca». Habría que añadir ahora grupos de jóvenes universitarios católicos con publicaciones como «Tandil» o «Cambio» de Economía y Humanismo. Hay sacerdotes muy activos en esta tarea, a quienes dirigentes de seccionales del Partido Comiunista dan como afiliados al partido, y quienes ejercen una acción muy decisiva sobre seminaristas y laicos. Todo hace pensar que se está haciendo una trenza entre sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos de grupos representativos en los ambientes católicos para imponer el progresismo cristiano entre nosotros.

Esto escribíamos en 1964: Hoy el progresismo ha avanzado mucho más como lo demuestra la conferencia en que analizamos el libro «La Persona, el mundo, Dios» de Arturo Paoli.


La Realeza De Cristo Y El Momento Actual (6)

Pbro. Dr. Julio Menvielle (7)

Nuestro tema es "La realeza de Cristo y el momento actual", tema que nos obliga a tomar partida de esa verdad que es la realeza de Cristo.

Ustedes saben que la fiesta de la realeza de Cristo fue instituida por Pío XI allá por el año 1925, y el documento que publicó entonces sobre esta fiesta, la encíclica "Quas Primas" (8), comenzaba en esta formas:

«En la primera encíclica que dirigimos una vez ascendidos al Pontificado, a todos los Obispos del Orbe católico, mientras indagábamos las causas principales de las calamidades que oprimían y angustiaban al género humano, recordamos haber dicho claramente que tan grande inundación de males se extendía por todo el mundo, porque la mayor parte de los hombres se habían alejado de Cristo y de su santa ley en la práctica de su vida, en la familia y en las cosas publicas; y que no podía haber esperanza cierta de paz duradera entre los pueblos, mientras los individuos y las naciones negasen y renegasen el imperio de Cristo Salvador».

Después explica el remedio: la vuelta a Cristo y su paz. "Por lo tanto, como advertimos entonces, es necesario buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo. Así anunciamos también que había de ser este fin cuanto nos fuese posible por el reino de Cristo, porque nos parecía que no se puede tender mas eficazmente a la renovación y afianzamiento de la paz, sino mediante la restauración del Reino de Nuestro Señor".

De modo que el Papa ya señalaba aquí el mal y señalaba el remedio; y el remedio de la sociedad y de los individuos hoy, esta en el sometimiento al suave yugo de Cristo: Sometimiento en la inteligencia, sometimiento en la voluntad y sometimiento en los corazones por la caridad.

De tal modo, en efecto, se dice que Cristo debe reinar en la inteligencia de los hombres, no solo con la elevación del pensamiento y de su ciencia, sino también porque Él es la Verdad, y es necesario que los hombres reciban con obediencia la Verdad de Él. Igualmente reina en la voluntad de los hombres, ya porque la voluntad está entera, perfectamente sometida a la santa voluntad divina, ya porque con sus aspiraciones influye en nuestra voluntad, de tal modo que nos inflama hacia las cosas más nobles. Finalmente, Cristo es reconocido como rey de los corazones por su caridad, que sobrepasa a todo lo humano en comprensión, y por los atractivos de su mansedumbre y virilidad. Nadie entre los hombres fue tan amado, y no lo será nunca, como Jesucristo.

Ustedes saben que Cristo es rey por dos conceptos. En primer lugar , por razón de su humanidad, que ha sido asumida por el Verbo, por la Divinidad. Esa humanidad de Cristo goza, por lo tanto de una perfección que sobrepasa todo lo que el hombre puede imaginar. En segundo lugar, Cristo es Rey de los hombres por el derecho de conquista, porque con su pasión y con su muerte ha conquistado el derecho de regir a la humanidad; y en Cristo este reinado tiene tres poderes: Poder de legislar, poder de juzgar y poder de mandar, poderes que trasmitió a su Iglesia.

El reinado de Cristo no se extiende solamente sobre los individuos, sino también sobre la sociedad. Esto también lo hace notar Pío XI en la Quas Primas: «No hay diferencia entre los individuos y el consorcio civil, porque los individuos unidos en sociedad, no por eso, están menos bajo la potestad de Cristo que lo están cada uno de ellos en la sociedad pública y privada. Y no hay salvación en algún otro, ni ha sido dado del cielo a los hombres otro nombre en el cual podamos salvarnos".

Estas son las palabras de los Hechos de los Apóstoles, o sea, palabras de la Escritura. Cristo es el autor de la verdadera felicidad tanto para el mundo de los ciudadanos como para el Estado . No es feliz la ciudad por otra razón distinta de aquella por la cual es feliz el hombre, porque la nación no es otra cosa que una multitud concorde de hombres. De modo, entonces, que el hombre tiene que reconocer el imperio de Cristo sobre los individuos, pero no solamente sobre los individuos, sino sobre la sociedad. Sobre las sociedades particulares, la familia, las distintas organizaciones intermedias, los Estados, las naciones y la vida internacional.

Esta realeza de Cristo se concretaba en otros tiempos en lo que se llamaba la Cristiandad, es decir, la civilización cristiana, el orden cristiano.

La cristiandad, en rigor, comienza con Constantino, después de la época de los mártires, y conoce su esplendor más grande en el reinado de San Luis, rey de Francia; un esplendor en todas las actividades de la vida, no solamente en la política, sino en todas las otras actividades; en el arte, con Fray Angélico, en la filosofía, con Santo Tomas; en fin, todas las manifestaciones de la cultura alcanzan su esplendor.

Todo esto que estoy diciendo suena a viejo hoy, porque dentro del mundo, y particularmente dentro de la Iglesia, nos ha invadido el progresismo, y entonces existe un repudio a Constantino y a la época constantiniana, a la época carolingia, a la época gregoriana. Estamos pasando un momento en el cual los mismos católicos están renegando de dos mil años de historia; repudian la época constantiniana, repudian la Cristiandad, la civilización cristiana. Son estas, hoy, malas palabras.

A pesar de esto hay que reconocer y afirmar la grandeza de esa época histórica, y para eso nada mejor que recordar las palabras grandes de León XIII en la "inmortale Dei": «Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados, entonces aquella civilización propia de la sabiduría de Cristo y de su divina virtud, había compenetrado todas las leyes, las inteligencias, las costumbres de los pueblos, impregnando todas las capas sociales y todas las manifestaciones de la vida de las naciones. Tiempo en que la Religión fundada en Jesucristo estaba firmemente colocada en el sitial que le correspondía en todas partes, gracias al favor de los príncipes y la legitima protección de los magistrados. Tiempos en que el sacerdocio y el poder civil unían armoniosamente la concordia y la amigable de mutuos deberes."

Organizada de este modo la sociedad, produjo un bienestar superior a toda imaginación. Aún se conserva la memoria de ellos, y ella perdurará grabada en un sin numero de monumentos de aquella gesta que ningún artificio de los adversarios podrá jamas destruir ni oscurecer.

Si la Europa Cristiana civilizó a las naciones bárbaras e hizo cambiar la ferocidad por la mansedumbre, la superstición por la verdad; si rechazó victoriosa las invasiones de los bárbaros; si conservo el cetro de la civilización y si se ha acostumbrado a ser guía del mundo hacia la dignidad de la cultura humana y maestra de los demás; si ha agraciado a los pueblos con la verdadera libertad en sus varias formas; si muy sobriamente ha creado numerosas obras para aliviar la desgracia de los hombres; ese beneficio se debe, sin discusión posible, a la religión, la cual auspicio la realización de tamañas empresas y coadyuvó a llevarlas a cabo. Habrían perdurado ciertamente aún esos mismos beneficios, si ambas potestades hubiesen mantenido la concordia, y con razón mayores se podrían esperar si se acogiesen la autoridad, el magisterio y las orientaciones de la Iglesia con mayor lealtad y constancia. Las palabras que escribía Ivo de chartres al Romano Pontífice Pascual II debían respetarse como norma perpetua: "Cuando el poder civil y el sacerdote viven en buena armonía, el mundo esta bien gobernado, la Iglesia florece y prospera; pero cuando están en discordia no-solo no prosperan las cosas pequeñas, sino también las cosas grandes decaen miserablemente".

La Cristiandad produjo, entonces, una época en que reinaban la concordia, la estabilidad y la paz en las familias, en la sociedad y en la Cristiandad.

Frente a esta sociedad gobernada por Jesucristo a través de la Iglesia, esta la Revolución. La Revolución quiere otra sociedad, no una sociedad estabilizada en el orden y en la paz, sino una sociedad en movimiento, en cambio, en dialéctica.

La Revolución, en su esencia, representa la replica exacta de la primera rebelión del hombre contra Dios, tal como ha sido relatada en el Génesis; ella toma por su cuenta la frase del tentador: "Seréis como dioses". Su apoyo, su soporte, es la filosofía del devenir puro que se opone radicalmente a la filosofía del Ser, la de Dios, que se presenta en el Antiguo Testamento como "Aquél que es el que es".

La Revolución no puede ser considerada como una concepción bien definida del mundo, ya que ella quiere representar su devenir perpetuo; no hay propiamente verdad revolucionaria, sino solamente una cosa que quiere ser transformación del mundo con el hombre en perpetuo movimiento. El hombre no es, el hombre se hace; el mundo no es, el mundo se crea; por lo tanto, no hay verdad ni falsedad, ni bien ni mal, se maneja con la dialéctica, la famosa dialéctica hegeliana, en la cual se pasa de la afirmación a negación, que se superan en la síntesis, y así anda dando el mundo un espiral sin llegar a la meta.

La Revolución es dialéctica, y con la dialéctica se destruye todo un mundo fundado en la Verdad, en el Ser, en la estabilidad; es decir, en el sometimiento del hombre a las leyes naturales y sobrenaturales, al derecho natural, a una concepción de que el hombre es un compuesto, que tiene una esencia, y que no hay que contrariar a esta esencia, sino que hay una concepción de que el hombre es un compuesto, que tiene una esencia y que no hay contrariar a esta esencia, sino que hay que respetarla. La Revolución no reconoce ni naturaleza ni sobrenaturaleza, y la revolución opera con la dialéctica en la destrucción de la Cristiandad, y esto lo viene haciendo no desde ahora, no desde el tiempo de Marx, ni desde Hegel, sino que lo viene haciendo desde que comenzó la Revolución hace cinco siglos.

La Iglesia, aunque su destino definitivo sea la vida futura, logró edificar aquí en la tierra una ciudad, aunque imperfecta como todo lo humano, ostenta las condiciones esenciales para ser y denominarse católica. Pero una ciudad católica es una realización muy difícil que solo puede darse milagrosamente bajo la acción de una providencia especial.

El hombre ha quedado de tal suerte, herido en el estado que tiene en este mundo, en las facultades más naturales, que cuando se ordena naturalmente queda en estado de equilibrio inestable, muy difícil de mantener. Necesita de la Gracia para moverse en ese estado, gracia que se le da si la pide.

La Civilización o Ciudad Católica es un milagro, y tiene muchos enemigos interiores y exteriores. Los enemigos interiores provienen del mismo hombre, pues si no es muy humilde para sostener el Don Divino, va a flaquear, caer y perderlo todo y perderse. Los enemigos son el Diablo, príncipe de este mundo, y los pueblos judíos y paganos, que van a tratar con toda clase de astucia de destruir la Cristiandad. Para destruir la Cristiandad se hecha mano de armas dialécticas. ¿Qué es la dialéctica? La dialéctica consiste en romper, separar y dividir lo que esta unido. Toda destrucción es separación; así como la vida es unión, unión de la creatura con el Creador, de la naturaleza humana con la Divina, de la razón con la Revelación, de la política con la teología, del imperio con la sociedad contra el Sacerdocio. Metieron cuñas para separar y dividir lo que por disposición divina esta unido, y llegó un momento en que la separación se produjo. Se separo el sacerdocio del imperio, la Teología de la filosofía, la política de la religión, la razón de la Fe, la naturaleza de la sobrenaturaleza, las naciones de la Cristiandad, los pueblos del Ungido de Dios.

Consumada la primera ruptura, producida la primera quiebra, no quedaba sino una alternativa; o rehacer lo que se había quebrado o continuar un proceso de nueva ruptura. Y hoy día la ruptura llega a lo ultimo. En primer lugar, la sociedad civil estaba unida a la religión, pero se quiebra esta unión, se independiza la religión de la sociedad civil, y luego la sociedad misma se anarquizando; se llega a lo ultimo en todos los ordenes.

Ahora que se ha llegado al extremo, es decir que la Cristiandad no existe, la naturaleza del hombre no es respetada. En la revolución que se ha operado es tal el proceso de destrucción de la civilización cristiana, que se esta pensando unir al hombre sobre otra base para llegar a la unificación total del mundo por medio de un gobierno mundial, gobierno mundial que no va a respetar ni la naturaleza del hombre ni la sobrenaturaleza. En ese plan estamos actualmente. Ese plan, el plan de la Revolución, lo han preparado las logias masónicas desde hace siglos. En el siglo XVII aparece un personaje muy importante, el cual ya profetizo, anuncio o echo, mejor dicho, los lineamientos de un nuevo poder social fundado en la Revolución. Ese personaje es Amos Komenius.

¿Quién era Komenius? Komenius había nacido en 1892, en Moravia, de padres que pertenecían a la comunidad de los Hermanos Moravos, que habían tomado ese nombre en 1575, cuando se acordó el derecho de reunión. Eran sucesores directos de los husitas, es decir de aquellos herejes que habían nacido en Praga y que fundaron el primer régimen comunista, el más absoluto que fue instalado en Munster por los anabaptistas bajo el nombre de Reino de Dios.

Todo eso fue desecho por los príncipes de entonces y Komenius se retiró a Londres, se impregno de las obras de Bacon y de los Rosacruces, fue a Suecia, estuvo con su amigo Luis de Greer, que era de la secta de los Rosacruces, y después fue a Polonia; Y, como digo, Komenius planifico lo que había de ser la sociedad. Hizo esa planificación en la cultura por el Consejo de la Luz, en la política por un Tribunal de Paz y en lo religioso por una Unión de Iglesias. Para realizar ese plan, el plan de unificación total de la sociedad humana con un gobierno también mundial, encontró que había dos grandes enemigos.

Esto lo dejo escrito en un libro que se llama "Lux in tenebris" en 1657. Vamos a leer las paginas textuales en que denuncia a estos dos grandes enemigos.

«El Papa es el gran Anti-Cristo -dice Komenius- de la babilonia universal. La bestia que va detrás del Anti-Cristo es el Imperio Romano, el Santo Imperio Romano-Germano, y especialmente la casa de Austria. Dios no tolerara por mas tiempo estas cosas. Destruirá, por fin, el mundo de los impíos en un diluvio de sangre. Al final de la guerra el papado y la casa de Austria serán destruidas".

De modo que ya Komenius en el siglo XVII anuncia que los dos enemigos para llegar al gobierno mundial, un gobierno de la Revolución, son el Papado y la casa de Austria. El Papado, que representaba el poder espiritual, y el Santo Imperio Romano-Germano, como símbolo o como resto del poder político universal que venia de Constantino.

Este plan de Komenius se va a ir cumpliendo inexorablemente poco a poco, y se pueden indicar como fechas del cumplimiento, en primer lugar, la paz de Westafalia en 1648, en la cual se llego al reconocimiento de las religiones protestantes en Europa, perdiendo la Iglesia Católica el predominio que tenia en la sociedad; el Congreso de Viena en 1815; la perdida del poder temporal de los Papas en 1870 y el fin de la casa de Austria en 1917 con la primera guerra mundial.

Después de la Reforma los estados protestantes tenían ya un peso muy grande en los negocios de Europa, pero en 1818 se había hecho inclinar la balanza en su favor. No solo estos países, en su mayoría católicos, como Rumania y Bélgica, pasaban el poder de las monarquías protestantes, sino que la confederación Germánica, esbozando la Unidad alemana por la desaparición de un cierto numero de estados pequeños, disminuía considerablemente la influencia de la católica Austria en el centro norte de Europa, mientras que Rusia venia a dominar la parte oriental. Inglaterra, por su parte, se aseguraba con el imperio de los mares sus relaciones con la futura política imperial en el Mediterráneo, en el Medio Oriente y en el Extremo Oriente, hasta el día en que al comenzar el siglo XX controlaría, directa o indirectamente, casi un cuarto de la población del globo. En 1849 se anuncia la nueva configuración de Europa, una Europa en la cual iba a desaparecer el Papado, que realmente desaparece en 1870. El poder político iba a terminar con la Casa de Austria en 1917.

Lo que sorprende inmediatamente al observador astuto es la inversión de los polos que se ha realizado en Occidente; con el Catolicismo definitivamente evacuado de la política internacional absolutamente laicalizada, el eje no pasa ya por las capitales de los Estados católicos. París y Viena son puntos secundarios con relación a las naciones de predominancia protestante y ceden el sitio a Londres. Berlín y Nueva York. En lo internacional se va haciendo un cambio y se va anulando la influencia de la Iglesia, del Catolicismo y sobre todo del Papado, con lo que se cumple una cosa muy importante que es la siguiente: San Pablo, cuando en la carta a los Colosenses se pregunta por qué no viene el Anti-cristo contesta: El Anti-Cristo no viene porque hay un obstáculo que le impide venir. ¿Cuál es ese obstáculo? Los exegetas medievales, entre ellos Santo Tomas de Aquino, explican que el obstáculo es el Imperio Romano, y mientras perdure el Imperio Romano el Anti-Cristo no puede venir.

Y ese obstáculo ha sido removido totalmente, ya no queda nada del Imperio Romano; entonces el enemigo puede planear, puede proyectar el Imperio del Anti-Cristo, un imperio político unificado en un régimen de un gobierno sometido al enemigo, sometido al Anti-Cristo.

Como ven, estamos muy lejos de la encíclica Quas Primas y de que la sociedad universal debe estar sometida al suave yugo de Cristo.

Con esta afirmacion de que el mundo va caminando al imperio del Anti- Cristo entramos en otra parte de nuestra conferencia, en la que voy a esbozar los planes del gobierno mundial.

Los planes del gobierno mundial que estan actualmente en ejecucion y que estan en lucha en este momento son dos. Uno es un gobierno mundial con el liderazgo americano, o sea, el mundo bajo el gobierno efectivo de los E.E.U.U.; el otro es un gobierno mundial con liderazgo europeo.

El gobierno mundial con liderazgo americano ha sido expuesto por un presidente americano del siglo pasado. En 1872, Grant, dos veces presidente de los E.E.U.U., inaguraba su segundo mandato con una proclamacion en la cual había un parrafo que decía: «El mundo civilizado tiende al republinanismo, hacia el gobierno del pueblo por sus representantes y nuestra republica esta destinada a servir de guía a todas las otras. Nuestro Creador prepara el mundo para convertirse, con el tiempo oportuno, en una gran Nación, que no hablará sino una sola lengua y en que todos los ejjercitos y la flota no serán necesarios».

Para cumplir este gobierno mundial, las logias de la masonería mundial, sobre todo guiadas por una logía, la logía del paladismo, comenzó amover los titeres de la politica mundial con ese objeto.

Para conocer cuál es el segundo plan del gobierno mundial - el de liderazgo europeo- vamos a referirnos al Pacto Sinarquico, que es un escrito que consta de trece proposiciones fundamentales y 598 artículos, en el que se explica cómo va a ser el gobierno mundial futuro.

Este pacto fue descubierto en tiempo de la ocupación de Francia. Vamos a leer solamente algunas proposiciones que nos interesan. El punto trece dice así: «El orden sinárquico que no puede concebirse fuera de la paz civilizadora, fundada sobre el honor, y honorable para todos, exige no tanto que el estado actual de las potencias sea modificado por un desplazamiento de las fronteras, sino que la vida sinárquica de cada pueblo sea respetada de modo original, que la unión federativa de Europa sea realizada, que, en fin, la sociedad mayor de las naciones sea cumplida y llevada a su realidad universal por la interposición judicial de cinco sociedades menores de naciones ya construidas de hecho y en vias de constitución en nuestra epoca». Y despues va explicando como sería esta estructura sinárquica del mundo. En cada nación se arreglaría la sociedad por orden, por capas organizadas, las cuales terminarían en tres grandes órdenes: ub orden que contemplaría todo el orden social y economicos de los pueblos; otro orden que encerraría el orden cultural de los pueblos, y en ese orden culturalestaría incluido lo religioso. Eso en cada nación del mundo, que luego se agruparían en cinco grandes federaciones: una sociedad menor de naciones britanicas, que comprenderían a Ingleterra y el Commonwealt; una sociedad menor de naciones americanas, que comprendería a E.E.U.U. y a toda América Latina; una sociedad menor que comprendería a Rusia y a todas las naciones panasiaticas que comprendería al Asia. Esto sería una estructura sinárquica piramidal, que implica la formación de cinco grandes federaciones imperiales, ya constituídas o en vías de contitución.

Este ordenamiento sinárquico del mundo se caracteriza por su equilibro mundial, por lo tanto no habría como hoy hay naciones que tienen un gran predominio, por ejemplo E.E.U.U. y Rusia, sino que habría un equilibrio, estarían todas las naciones más o menos emparejadas, dándose un equilibrio mundial más allá del colectivismo y el liberalismo. La sinarquía quiere superar la antitesis del liberalismo y del colectivismo y llegar a una sociedad sinárquica dendo se equilibren el comunismo y el liberalismo, donde se haga una cosa pareja. Eso ya está en movimiento, en constitución, siendo Francia la Nación que está haciendo toda su política, no solamente dentro de sus fronteras, sino en toda Europa.

La sinarquía no es ni liberal ni comunista, sino que está por encima de ambas ideologías tratando de compaginar un gobierno de empresarios (liberal) con los obreros (comunismo), es decir una unión de burgeses y proletarios, un equilibrio mundial más allá del colectivismo y del liberalismo, sin ninguna potencia hegemónica, bajo la acción de Francia «como lugar histórico». Esto está dicho en la proposición 578: « El imperio sinárquico francés es el lugar histórico, lo mismo que el espíritu francés es el catalizador sicológico de una grande y noble experiencia de la cooperación humana, entre las razas blancas, amarillas y negras. Nuestra ambición es perfecta: una sintesís de carácter universal que se da como la imagen de lo que la Francia metropolitana, país de síntesis demográfica y centro geográfico del mundo».

Civilizado el imperio sinárquico francés, no puede ser finalmente concebido ni querido al margen de la vida europea ni de la vida del mundo. Un programa aparentemente nacional, donde se trataría de respetar la voluntad de las naciones, de autodeterminación de los pueblos en un equilibrio mundial. Esto es lo que propone la Sinarquía.

Hay un libro de Pierre Virion («El Gobierno mundial y la contra Iglesia») que hace ver como en realidad este gobierno mundial tiende a la tecnocracia, tiende a una organizacion mecánica del hombre y de los pueblos, como si fuesen robots, como si fueran maquinas, como si fueran una computadora electronica y que supone toda una accion de lavado de cerebro por medio del empleo de los métodos psicotecnicos para cambiar al hombre. Una organizacion del mundo en el cual el hombre se convierte en esclavo, pero no en esclavo del tipo antiguo, en que por terror se lo sometia a un orden y al trabajo, sino una esclavitud en la cual, usando los medios psicotécnicos, se haría entrar al hombre en la sociedad, para que haga lo que la sociedad quiere.

Todo está en ejecución, y las luchas que hay en el mundo actual están provocadas por la pugna qe hay entre dos fracciones para la ejecución de estos planes.

En la primera guerra mundial se liquida la casa de Austria, que es el último resto que quedaba de orden cristiano, y se implanta el comunismo.

Viene la segunda guerra mundial y tiene como resultado el acuerdo de Yalta, que hace dos cosas fundamentales: 1º Une al mundo eslavo detráas de la cortina de hierro, cumpliendo los planes del siglo pasado. 2º Impone una política bipolar, es decir divide al mundo en dos zonas de influencia:; una que se reserva a Estados Unidos y otra que se reserva a Rusia. Y ahora se está yendo a una tercera guerra para imponer una política de gobierno mundial de tipo sinárquico, un mundialismo con el liderazgo de De Gaulle.

Todos estos hechos determinaron la aparición, desde hace unos años, de una lucha entre la política bipolar desarrollada por el acuerdo ruso- americano y la política neutralista encabezada por De Gaulle; lucha que se manifiesta en tres puntos claves: Vietnam, en el Medio Oriente y en Europa.

En el Vietnam, por ejemplo, la política que mantienen Rusia y Estados Unidos es una política de equilibrio. Cuando más temperatura hay en una de las zonas -la americana o la rusa- más los grandes tientan de clamar la fiebre y volver al estado de equilibrio. Todo pasa como si cada uno empujase a sus peonesen convivencia con el otro para mantener o restablecer el equilibrio de fuerzas, y por eso no llegan a una definicion ni los unos ni los otros, hecho que nos hace pensar más en un acuerdo que en una rivalidad ruso-americana.

Otro tanto pasa en Medio Oriente, donde tambien hay otro estado de equilibrio. Y en Europa pasa lo mismo, donde frente a la políticabipolar se va desarrollando una politica neutralista encabezada por De Gaulle, para que se salga del dominio de la hegemonia rusa y de la hegemonia americana y se afirme la neutralidad.

En definitiva, ¿cuBl mundialismo logrará imponerse? Es claro aquí que no podemos conjeturar. Es difícil saber lo que va a pasar.

Por lo pronto hay que reconocer que la balanza del poder tecnológico y militar se está inclinando a favor del mundialismo americano. Los últimos acontecimientos de Europa lo revelan. Checoslovaquia, influenciada por los políticos neutralistas y por De Gaulle, estuvo a punto de pasarse a la sinarquía. Eso, evidentemente, habría sido un gran contratiempo para el liderazgo americano, pues se habría reforzado el Mercado Común Europeo. Como consecuencia, Rusia -obedeciendo a la influencia del Pentágono- lo ha impedido, ocupando militarmente a Checoslovaquia.

Sin embargo, aunque el poder militar está trabajando a favor del mundialismo americano, sería mejor, en este momento crítico y decisivo, atender al poder político de la sinarquía mundial, y sobre todo al poder de intriga, en el que son expertos los judíos que estan manejando a la sinarquía de un modo particular. La técnica va a ser la siguiente: endurecer ambos polos del sistema bipolar, para que una vez endurecidos vayan al choque y a la guerra. Este es, a mi entender, el único camino que tiene la sinarquía para abatir el evidente predominio americano y cumplir los planes sinárquicos del gobierno mundial, fundados en una igualdad de federaciones mundiales porque el poder nuclear está más o menos equilibrado; Estados Unidos podrá aniquilar a Rusia, pero Rusia puede tambien aniquilar a Estados Unidos. De esta forma se podrá pasar directamente a un gobierno mundial sobre un equilibrio de naciones sin gigantes, de naciones igualadas. Con una guerra mundial el mundialismo sinarquido se impondría.

No faltará quien piense que la guerra es una locura, Respondamos, efectivamente, que el mundo esta loco, está esquizofrénico, es por tanto lógico que se sumerja en una crisis de locura.

En efecto, no hay nada estable en la política del mundo moderno, no hay, por lo tanto, verdad. Solamente negar la existencia de una verdad inmutable viene a ser lo mismo que negar la existencia de un orden, ya que la verdad es el pensamiento de acuerdo con lo real, lo real natural y sobrenatural, naturaleza y gracia, es decir, aquel orden que conocio la cristiandad, el orden establecido por el suave yugo de Cristo.

En esta condiciones no se puede establecer orden perdurable; se condena al desorden de elegir una inestabilidad permanente, que es el estado natural de la revolucion. Las guerras y los conflictos más y más cercanos y sangrientos son inevitables a medida que se quiere el devenir, el puro cambio, y no el Ser.

El deseo de paz está seguramente en el corazón de cada uno , pero poner la paz sin Dios es un absurdo, porque sin El, la justicia esta separada y toda esperanza de paz se convierte en quimera . Justamente el mundo contemporaneo proclama la paz en nombre de los sueños pacifistan de un sincretismo religioso y filosofico, bajo pretexto de olvidar lo que divide para poner en común lo que une. Comienza así el más grande pecado que hay contra Dios, que vino sobre la tierra para dividir el bien del mal, el error y la mentira de la verdad; y hoy en cambio , se mezcla el bien y mal, la verdad y el error, los sexos, todo se mezcla. Ya que las guerras son consecuencia del pecado de los hombres, el pecado del espíritu no puede sino alejar la paz y traer sobre las naciones los peores castigos. No es por nada, que al comienzo del siglo XX, la Madre de Dios, vino ella misma a advertirnos en Fatima, el año 17, que si no se cambiaba de vida, si no se escuchaban sus súplicas, habría guerras y persecuciones que causarían el aniquilamiento de grandes naciones.

La paz del mundo, como en las familias y en los individuos, será siempre proporcional a la sumisión al orden, será siempre proporcional al grado de unión con Dios; rechazado el suave yugo de Nuestro Señor Jesucristo, la realeza de Cristo, es decir, repudiando hasta la noción misma de cristiandad, nuestro mundo ha entrado en revuelta, en rebelion, en revolución; ha caído bajo el poder del príncipe de este mundo, Satán, que como decía Cristo, es homicida desde el comienzo. Aquí se ve la importancia central que tiene todo ordenamiento político, tanto nacional como internacional, la noción de cristiandad, noción que envuelve la del sometimiento de las naciones y del mundo al suave yugo de Jesucristo.

Por ello, la festividad de Cristo Rey proclama la necesidad de que el mundo se someta a Jesucristo no solo como verdad religiosa sino como verdad política; proclama la necesidad absoluta para el hombre -creatura y pecador- de encontrar su salud total y temporal en Jesucristo, el Unigenito del Padre que ha tomado nuestra humanidad en el seno de la Virgen Madre. Sin Jesucristo el individuo, las naciones y el mundo marchan aceleradamente a la catastrofe. Sólo en Jesucristo tenemos la salud eterna y temporal. Nada más.


Pbro. Dr. Julio Menvielle

(1) Editorial Cruz y Fierro 1967

(2) Es de hacer notar que el Papa Reinante, Juan Pablo II, en la actualidad ha recomendado insistentemente esta teología y sobretodo su enseñanza en los Seminarios y casas de formación de Sacerdotes y religiosos. Lo que valida aun mas lo aquí expuesto por el Padre Menvielle. Nota de la Redacción

(3) Nos comprometemos a editarla en algún próximo numero de nuestra Revista.

(4) Podemos, humildemente, agregar que se han puesto miles de trabas en el proceso de canonización de este Santo Padre. Además el sionismo internacional con sus aliados los medios ha lanzado una campaña de difamación contra Pío XII porque no le pueden perdonar que por su obra se haya convertido el Gran Rabino de Roma. Nota de la Redacción.

(5) De «Un Progresismo Vergonzante» Cruz y Fierro Editores 1967

(6) Enciclica del Beato Pio IX, sobre el modernismo.

(7) Conferencia dictada por el Padre Julio Menvielle en Rosario con ocasion de la Festividad de Cristo Rey, publicada en la Revista Verbo Nº 235 de Agosto de 1983. (no se menciona la fecha de la conferencia)

(8) 1905-1973

(9) Publicada en el numero 4 de "El Caballero de Nuestra Señora"

lunes, 18 de agosto de 2008

Iglesia y democracia


La lucha contra la Iglesia y particularmente contra la civilización cristiana se desarrolla en forma sistemática desde el Protestantismo y el filosofismo, continúa con el liberalismo y culmina hoy con el comunismo moscovita.

Por el R. P. Julio Meinvielle

La presente guerra no está ajena a esta lucha y aunque la decisión militar a favor de uno de los bandos no se haya de mirar como necesariamente decisiva para imponer en el orbe una reforma universal anticristiana, no cabe duda que en la realidad concreta puede resulta decisiva. No en vano, la paz de Westfalia inaugurara la dominación del filosofismo y el Congreso de Viena el siglo

del liberalismo y el Tratado de Versalles la difusión del comunismo. La reunión de Dumbarton Osaks no permite llamarse a engaño respecto al propósito del más larvado de los bandos que, en la seguridad de tener en sus manos el triunfo no oculta ya los temibles planes de dominación universal que trae escondidos bajo el embeleso de las grandes palabras de cristianismo y democracia. Táctica secular del iluminismo, tan antigua como el mundo, cuando el enemigo del linaje humano escondía la muerte bajo la perfidia del eritis sicut dii, seréis como dioses.

Los planes de dominación anticristiana universal comunes a la Rusia de Stalin como a los Estados Unidos de Roosevelt, serán aplicados inexorablemente si el esperado triunfo se materializa.

Inglaterra cada día cuenta menos y su decadente influencia puede ser motivo decisivo para que abandone, si puede, la participación en un planteo que perjudica visiblemente a sus intereses.

Si se examina con atención, puede observarse que los dos grandes vocablos cristianismo y democracia, tras la ventaja que tienen de sugerir en forma vaga e indefinida los dos grandes bienes – paz religiosa y paz civil- que los pueblos de algún modo apetecen, sirven precisamente par destruir los valores concretos y reales donde estos bienes se encuentran. Porque no hay realmente cristianismo sino en el catolicismo. Y el catolicismo es hoy destruido en nombre del cristianismo. Y la democracia entendida como un régimen de convivencia política donde se ofrezca a todos los ciudadanos las garantías de paz civil no se encuentra sino en un Estado, jerárquico y autoritario. Estado que es hoy furiosamente combatido en nombre de la democracia.

Por otra parte, el pensamiento tradicional de la Iglesia, siempre y especialmente en los Documentos Pontificios de la última centuria, desde Gregorio XVI hasta Summi Pontificatus de Pío XII no deja de enseñar que la civilización cristiana resulta de la unión substancial de la Iglesia –forma sobrenatural universal, necesaria para la salud eterna y temporal de los pueblos- con los Estados, que son la realidad más alta del orden natural. Iglesia y Estado, Sacerdocio e imperio, altar y trono, cruz y espada, he aquí las dos sublimes realidades, encarnación la una de lo sobrenatural y la otra de lo natural, de lo eterno y de lo temporal, que deben asociarse para que haya paz en los pueblos.

Precisamente porque la civilización cristiana se constituye por la concordia del sacerdocio y del imperio, toda la lucha de los enemigos seculares del nombre cristiano se concentra, con furor diabólico, en la destrucción de la Iglesia por una parte, del Estado por otra y especialmente de todo vínculo que asegure su concordia. Y es curioso observar cómo en nombre de principios cristianos se pretende debilitar la fortaleza de los Estados y en nombre de los derechos de los Estados se debilita la influencia de la Iglesia, retrayéndola de la vida temporal de los pueblos.

Existe una correspondencia sorprendente entre lo que la Iglesia y la razón enseñan sobre los constitutivos del orden cristiano y la táctica que para su destrucción adoptan los enemigos de este orden. La lucha por el debilitamiento de la noción de catolicismo se hace cada día más sensible. Se pretende hacer aparecer como odiosa e intolerable la concepción de una Iglesia, única, con una dogmática invariable, propuesta como necesaria tabla de salvación para el hombre. Y lo más curioso y verdaderamente diabólico es que, en nombre de la Iglesia, en virtud de novísimas orientaciones pontificias, quiere hacerse aceptable el concepto de una Iglesia Católica que puede y debe convivir a la paz, en medio de las demás familias religiosas disidentes. De aquí el intento, muchas veces repetido, el ecumenismo, de encontrar un punto de coincidencia que asegure la paz de las diversas confesiones “cristianas”, el propósito de crear una tónica sentimental mística que responda universalmente a los anhelos religiosas de la humanidad; el afán por erigir en fórmula de

valor universal la pertenencia al alma de la Iglesia de los no católicos, ( por supuesto, siempre que se avengan a luchar contra el nazismo, el peor de los totalitarismos); el conato, cada vez más desembozado, de establecer franca colaboración de católicos y no-católicos para luchar “en defensa del cristianismo” (?), en contra de los totalitarismos y a favor de la democracia, y de la dignidad de la persona humana y de la libertad; todos estos son otros tantos síntomas de una campaña sistemática emprendida con el fin de diluir en las conciencias de los pueblos la personalidad de una Iglesia Católica y romana, única, fuera de la cual no hay salvación eterna ni temporal para los pueblos.

La campaña, a su vez, por el debilitamiento de la noción de Estado, ha arreciado fuertemente en nuestros días.

Alineando tendenciosamente documentos pontificios o pastorales de obispos e invocando los derechos del hombre y de la democracia, se ha llegado a crear un clima en que la resistencia al poder público deba ser mirada como signo distintivo de ortodoxia católica. Pareciera que un católico que no adopte una posición de alerta frente al Estado, debiera ser mirado como sospechoso de su fe.

No queremos negar que el Estado, como todo otro valor creado, pueda erigirse en valor absoluto, sin otros límites que su propia prepotencia; pero, ¿Acaso estos peligros pueden hacernos olvidar su nobilísima excelencia y la eficacia de su fortaleza para el establecimiento de un orden que sin él es absolutamente imposible?

Aquí aparece la mala fe de los enemigos de la civilización cristiana que utilizando los sabios y justos reproches que la Iglesia ha formulado contra las exageraciones del Estado o de la nación o de la raza, especialmente en los casos de l’Action Française, o del Fascismo o del nacional-socialismo, levantan estas condenaciones a un primer plano, como si fueran los supremos y fundamentales peligros y sobre todo como si fueran condenaciones de la misma autoridad del Estado, de suerte que el hombre corriente, asediado por la propaganda, se ve inevitablemente inducido a pensar que todo robustecimiento de la autoridad del Estado es un mal y que la Iglesia prescribe la delicuescente democracia moderna.

Pero hay todavía más. La única manera de evitar la desorbitación de los Estados está en su sometimiento a un poder más alto y universal que le señale límites a su jurisdicción.

Y este es el Poder supremo espiritual cuya autoridad alcanza a todo cuanto de algún modo toca a la conciencia. Era de prever entonces que los celosos enemigos del totalitarismo – católicos y no-católicos– se iban a constituir en esforzados sostenedores de la supremacía del Poder de la Iglesia y de la necesidad de que a su jurisdicción se le someta, en atención a lo espiritual, el poder de los Estados. Pero no es así. Los enemigos de los totalitarismos lo son también de la subordinación de los Estados a la Iglesia, como lo son, bien examinados, de una Iglesia Católica, única y perfectamente definida.

Y para hacer horrible la imagen popular de la concordia del Estado con la Iglesia, estos enemigos no dejan de pintarla a la manera de una irritante teocracia clerical como si, de acuerdo a ella, los gobernantes no pudieran actuar en la órbita de sus funciones sin la venia de los clérigos.

El sometimiento de los Estados a la Iglesia no significa otra cosa, en cambio, sino que los Estados han de moverse en su órbita propia –que es la del bien común temporal– en conformidad con los imprescriptibles dictámenes de la razón y de la justicia; no significa otra cosa que su actuación debe ser moral o sea conforme a los fines del hombre y que todas las leyes que deben regular su actividad han de conformarse con las divinas leyes del Evangelio, cuya custodia permanece, por inalterable disposición de Dios, en manos de la Iglesia.

¿Y quién no ve que cuando la órbita de actividad del Estado se desenvuelve en conformidad con las prescripciones de la Iglesia se alcanza, y sólo entonces se alcanza, la felicidad de los pueblos, el bienestar de las familias, el ordenamiento económico-social justo y bienhechor, los legítimos derechos de la persona humana, el ejercicio saludable de las auténticas libertades?

¿A qué considerar entonces la concordia de la Iglesia y del Estado por el lado accesorio y superficial1, esto es, cómo han de ser las relaciones administrativas de los

En este equívoco estriba la respuesta de Maritain a las críticas que le formula el Canónigo Pérez, de Santiago de Chile, y que la publicación “Tiempos Nuevos” de aquí, publica, victoriosamente, como una réplica definitiva a los artículos publicados por mí contra los errores de Maritain, Ducatillón y los suyos. Aprovecho aquí para manifestar que el comentario que Jean Emese hace en la revista “Solidaridad” de Noviembre último de mis artículos referentes a Maritain y donde su autor necesita ocultarse bajo el anónimo para improvisar sobre un tema que, al parecer, no le resulta accesible, no merece mayor atención.

Sin embargo, dejando a un lado las intrigantes alusiones y calificaciones, de carácter personal, que

precisamente por afectar meros derechos de la persona humana puede uno pasar por alto, vamos a puntualizar cinco graves errores del presumido articulista. 1º El documento del “Sillón” no fue escrito contra el modernismo sino contra la “Democracia cristiana” de Marc Sagnier y, a pesar de haber sido escrito hace treinta y cuatro años, conserva todo el valor de documento del Magisterio de la Iglesia y, en carácter de tal, es invocado por los teólogos para refutar errores posteriores y aun anteriores. 2º En ningún momento he podido calificar de “herejías” sino de “errores teológicos” o “errores en la fe”, los errores de Lamennais, como corresponde en la técnica teológica que el articulista ignora. 3º La argumentación que formulo contra el dignatarios eclesiásticos con los gobernantes, o cómo la situación de los clérigos en el Estado, cuando, en lo esencia, consiste ella en la conformidad de la vida y actividad del Estado a la concepción de vida prescripta por la Santa Iglesia?

Lo importante es reconocer que el orden y la paz de los pueblos debe venir de arriba hacia abajo, por el sometimiento de lo inferior a lo superior. La Iglesia, forma universal del orden humano, sancionado por Dios, comunica su virtud ordenadora a los Estados, que ejercen su jurisdicción en el ámbito del ordenamiento de la vida común temporal del hombre; los Estados a su vez comunican orden a las familias y asociaciones económicosociales que integran la comunidad civil; y las familias y sociedades particulares aseguran el ejercicio de los legítimos derechos a los individuos humanos. Así surge el orden auténtico que asegura la paz.

Los enemigos de la civilización cristiana, en cambio, siguiendo las huellas del diablo, que es Dios invertido, y del Anticristo, que es Cristo invertido, y usando las palabras cristianismo y democracia, invierten este orden, y en nombre de los derechos de la persona humana destruyen al Estado y en nombre de los derechos del estado, Dad al César lo quees del César, destruyen a la Iglesia.

En nombre de la dignidad de lo inferior se destruye la jerarquía superior de la que aquélla está pendiente y se prepara el camino para la entronización de peligrosos amos. En esto radica el provechoso juego de la democracia. Los agentes del universalismo del Anticristo, tras esta palabra destructora, derriban el poder espiritual de la Iglesia y el poder temporal de los Estados, y en un mundo de plutócratas y de proletarios, mentirosamente igualitario, pueden imponer sus seculares planes de dominación universal.

Lo más lamentable es que en este juego cuentan con la colaboración de excelentes católicos. Así Tristán de Athayde en una reciente página2 escribe: “Lo que tenemos que defender hoy con todas las armas del corazón y de la inteligencia, no es el privilegio de la Iglesia o la protección de los Estados, mas sí la independencia de la Iglesia y las libertades cívicas de los ciudadanos de un mundo impregnado de servilismo totalitario”. Y no advierte concepto de “nueva cristiandad” de Maritain en mi artículo del 13 de octubre, no se funda, como lo supone mi anónimo crítico, en las palabras “instaurar” y “Distinto” sino en las palabras de Maritain “esencialmente distinto”. Dos seres que difieren “esencialmente” son dos substancias diferentes. La “nueva cristiandad” sería otra sustancia que la cristiandad medieval, lo que contradice las citadas palabra de Pío X que no admite entre una y otra más que diferencias accidentales. 4º En el turbio examen a que somete el párrafo de mi artículo “El mito de la persona humana” no ha entendido Jean Emese que la obligación de dar la vida sólo es necesariamente obligatoria cuando se trata de defender derechos más altos que los de la persona humana, como son los de la Iglesia o de la patria. Y si hace años he defendido, precisamente contra Maritain, el carácter de santa, de la guerra civil española, es porque se llevó a cabo, como lo testimonió Pío XI y el Episcopado español, en defensa de la religión y en contra del comunismo ateo. La insidiosa alusión del emboscado redactor de que ella se cumplió para “quitar la vida al prójimo”, es falsa e injuriosa a la Jerarquía Eclesiástica. 5º Respecto al desafío que se me hace para que ostente un solo texto donde Maritain propugne que hay que emanciparse de los principios tradicionales de la civilización cristiana, remito al punto 3º de esta nota, y remito al libro íntegro “Cristianismo y Democracia” de Maritain, todo él, en la corriente del “naturalismo democrático” que el gran teólogo Garrigou-Lagrange condena como anticristiano en el artículo

“Las exigencias del fin último en materia política”. 2 Publicación de los Colaboradores de “Criterio” en homenaje a Monseñor Gustavo J. Franseschi. 5 el ilustre autor que al posponer los principios rectores de la concepción de la civilización cristiana que deben ser igualmente y con el mismo ardor defendidos hoy como ayer y como mañana y sustituirlos por un programa mínimo, adaptado a las circunstancias, está coincidiendo, en toda la vigencia de la realidad concreta, con los enemigos seculares del nombre cristiano.


Publicado en Revista VERBO nº 266 Año XXVIII Septiembre 1986

miércoles, 13 de agosto de 2008

EL SIGNIFICADO DE LA CANONIZACIÓN DE PÍO X

A los cuarenta años de su muerte, Pío X acaba de ser canonizado. Todavía están presentes en el escenario del mundo, muchos que fueran testigos del fuego ardiente de su fe y de su caridad. Pío X fue un santo. Y el secreto de su santidad fue la Fe. "Nada había más natural a sus ojos que lo sobrenatural. Creía como respiraba, porque de tal suerte Dios le era sensible. El mundo de la Fe le era familiar, y se movía en él con comodidad, mientras que el mundo, así solo, donde iba a vivir y actuar debía permanecerle extraño, o al menos le parecía tal, porque la fealdad de sus pensamientos y de sus costumbres horribles le repugnaban. No se mezclará en él sino forzado a la lucha contra los enemigos declarados de la Iglesia y contra los adversarios emboscados del Dogma, en que las antenas sobre-naturales de su Fe intrépida captarán las inspira dones divinas para dictarle decisiones humanamente sorprendentes, imprevistas, pero poderosamente fecundas". (1)

Porque Pío X se movía en el mundo de la Fe, podía estimar en su justo valor el estado del mun do y medir la gravedad de los errores que le ame­nazaban. De aquí el significado de sus reprobaciones contra desvaríos espirituales que han determinado el estado calamitoso en que se encuentra hoy el mundo.

Tres son estos desvaríos. El primero lo constituye la guerra contra los derechos imprescriptibles de la Iglesia, llevada a cabo particularmente en Francia por el gobierno masónico de Combes. Frente a un gobierno, empeñado en crear una Iglesia y un episcopado " nacional " , Pío X se yergue como un gigante en toda la majestad de su soberana autoridad y pro­nuncia el non possumus. El gobierno rompe relaciones con la Iglesia, se incauta de sus bienes, prohíbe todo acto de culto en las escuelas, en el ejército y en todos los establecimientos públicos y niega en absoluto el derecho de enseñar a las congregaciones religiosas. Pío X, en su encíclica VEHEMENTER del 11 de febrero de 1907 reprueba y condena la ley votada en Francia de separación de la Iglesia y del Estado. "En consecuencia, dice allí, Nos protestamos solemnemente con todas nuestras fuerzas contra la proposición, contra el voto y contra la promulgación de esta ley, declarando que nunca podrá ser ella alegada contra los derechos imprescriptibles de la Iglesia para debilitarlos."

Más peligrosa que la acción de los enemigos de fuera lo es siempre la de los enemigos de dentro. Pío X va a proceder con toda energía para conjurar el mal, tan frecuente entonces como ahora en los medios católicos, de acomodar la doctrina y la ac­ción social-política a los requerimientos del siglo.

Las corrientes subjetivistas, inmanentistas y evo­lucionistas que inficionaban la mentalidad moderna se infiltraban en los ambientes intelectuales católicos determinando en exégesis, historia de los dog-mas y de la Iglesia, filosofía y teología una nueva interpretación del cristianismo que, en la realidad de los hechos, lo alteraba fundamentalmente, y, con ello, lo destruía. Contra ese segundo desvarío espi­ritual, conocido con el nombre de modernismo, Pío X pronuncia sentencia de condenación en el decreto "Lamentabili" del 17 de julio de 1907, y más particularmente en la encíclica PASCENDI, del 7 de setiembre del mismo año, en la que lo califica como "colección de todas las herejías".

La adaptación al espíritu moderno determinaba en el plano social-político errores no menos peligro­sos que podríamos denominar demoliberales. Ha­ciendo del pueblo la fuente de la autoridad pública, Marc Sangnier y su equipo del 'Sillon buscaba un ordenamiento social-político fundado en la nivela­ción de clases, soñando así cambiar las bases natu­rales y tradicionales de la sociedad para edificar la sociedad del futuro sobre otros principios que serían más fecundos y bienhechores que aquellos sobre los que reposa la sociedad cristiana actual. Contra este tercer desvarío espiritual, mezcla de liberalismo y socialismo, Pío X enseña de manera categórica " No, Venerables Hermanos —preciso es recordarlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores—, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la sociedad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la ciudad nueva por edificar en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos natu­rales y divinos contra los ataques, siempre renova­dos, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: omnia instaurare in Christo". (2)

Pero Pío X comprendió que de nada valían estas condenaciones de los documentos públicos si la conducción diaria de los asuntos de la Iglesia no estaba en manos de hombres verdaderamente de Dios. Por esto llamó junto a sí, para que compartiera el gobierno de la Iglesia en la secretaría de Estado, al Cardenal Merry del Val. Pero no es esto todo. Un prelado romano, muy discutido y atacado, Mons. Benigni, fundó con la aprobación expresa de Pío X el Sodalitium Pianum, o Sapiniére, en abreviatura S.P., para descubrir las infiltraciones moder­nistas y demoliberales dentro de la Iglesia y, con ello, mantener la pureza e integridad de la verdad católica en el plano del pensamiento y de la acción.

Pío X ha sido violentamente atacado por la firmeza de sus directivas espirituales. Y cuando, en razón de la santidad notoria de su vida, no se han atrevido a atacarlo a él directamente, lo han con­siderado "un santo cura de campaña" y se han en­sañado, en cambio, con el Cardenal Merry del Val y con Mons. Benigni. Una de las objeciones, en apariencia más sólidas, que se ha levantado con­tra la santidad del Pontífice en el proceso de su canonización, la han constituido precisamente las actividades del ilustre Cardenal y de Mons. Benigni.

Pero, en vano, como lo manifestó Pío XII, en el discurso que pronunció el 3 de junio de 1951 en la Plaza de San Pedro, en ocasión de la beatificación del gran Pontífice. " Ahora, dijo entonces, que el examen más minucioso ha descubierto a fondo to­dos los actos y las vicisitudes de su pontificado, ahora que se conocen las consecuencias de aquellas vicisitudes, ninguna duda, ninguna reserva es ya po­sible, y se debe reconocer que, aun en los períodos más difíciles, más ásperos, más graves y de más res­ponsabilidad, Pío X, asistido por la gran alma de su fidelísimo secretario de Estado, el Cardenal Merry del Val, dio prueba de aquella iluminada prudencia que nunca falta en los santos, aunque en sus apli­caciones se encuentre en contraste doloroso, pero inevitable, con los engañosos postulados de la pru­dencia humana y puramente terrestre". (3)

Pero hay todavía más. Pío XII no se ha contentado con defender a Pío X y a sus ilustres colaboradores. Ha hecho el elogio positivo de sus cualidades extraordinarias. "Con su mirada de águila, más pers­picaz y más segura que la corta vista de miopes razonadores, veía el mundo tal como era, veía la misión de la Iglesia en el mundo, veía con ojos de santo Pastor cuál era su deber en el seno de una sociedad descristianizada, de una cristiandad con­taminada, o, al menos, acechada por los errores de la época y por la perversión del siglo."

"La mirada de águila" de Pío X vio claro asimismo en el asunto de l'Action Française y de Charles Mau­rras. Cierto que la incredulidad religiosa de Mau­rras, que había perdido la fe en su juventud, ha alcanzado un grado de sacrílega impiedad y de blasfemia en obras como Anthinea y Le chemin de Pa­radis. Pero el programa de acción política contra el demoliberalismo de la Revolución, forjado por Maurras, ofrecía garantías para una firme restauración social-política en la línea católica. Su Action Française era, en el plano político, una defensa de la Iglesia contra la Revolución. A Camille Bellaigue, que pedía una bendición para Maurras, le respondió Pío X: "¡Nuestra bendición! ¡Pero todas nuestras bendiciones! Y decidle que es buen defensor de la Fe". (4)

Creemos conveniente recordar estos hechos para descubrir el significado completo de la canonización de Pío X, en este año de 1954. Los errores que él condenó y anatematizó con energía desusada se en­cuentran hoy, para mal de Francia y del mundo, en pleno apogeo. Laicismo de Estado, debilitamiento de la doctrina católica, infiltración del marxismo. De modo particular estos errores han hecho presa de Francia y aun de Italia. Los acontecimientos últimos producidos en el sector católico de estos dos países los ponen en evidencia.

Pero, felizmente, estos errores al desarrollarse y mostrar sus perversas virtualidades han puesto en guardia a muchos hombres todavía responsables y ello ha de determinar que los pueblos busquen la solución de sus problemas en el caminó señalado por el gran Pontífice. Santidad de vida e integridad de doctrina, recta concepción del ordenamiento econó­mico-político de la ciudad, prudentes pero progre­sivas y efectivas reformas que eliminen las injusti­cias sociales, son tres condiciones inseparables para restaurar la ciudad católica. Desgraciadamente en nuestro tiempo se ha confundido, de manera inex­tricable, reforma de las injusticias con izquierdismo económico-político y se ha querido bautizar esa confusión con un sentimentalismo evangélico, sucedáneo de la caridad. El mérito excepcional de San Pío X consiste precisamente en que, siendo él un luminar ardiente de auténtica caridad, ha estable­cido las condiciones para que, sin confusión, se ad­judicasen las justas partes que se deben a la verdad y a la justicia.

Finalmente, la canonización del Papa que conde­nó el modernismo y el demoliberalismo en el mismo año en que su sucesor Pío XII toma enérgicas me­didas contra el modernismo de teólogos franceses y contra el socialismo de los prêtres-ouvriers, es signo de feliz presagio para la noble nación fran­cesa. Los que amamos a Francia, a la Francia de San Luis y de Juana de Arco, creemos que han de encontrar cumplimiento las palabras que Pío X pronunció en el Consistorio del 29 de noviembre de 1911.

Dijo el Santo Pontífice: "Hijos de Francia que gemís bajo la persecución, sabedlo, el pueblo que ha hecho alianza con Clodoveo en las fuentes bau­tismales de Reims, se arrepentirá y volverá a su primera vocación. Un día vendrá, y Nos esperamos que no sea lejano, en que Francia, como Saulo sobre el camino de Damasco, será envuelta con una luz celeste y oirá una voz que le repetirá: «Hija mía, ¿por qué me persigues?». Y sobre su respuesta: «¿quién eres tú, señor?» la voz replicará: «Yo soy Jesús a quien tú persigues... Duro te es dar coces contra el aguijón, porque en tu obstinación tú te reniegas a ti misma». Ella, temblando, sorprendida, dirá: «Señor, ¿qué queréis que haga?» y Él: «Levántate, lávate de las manchas que te han desfigu­rado, despierta en tu seno los sentimientos dormidos y el pacto de nuestra alianza, y anda, Hija muy amada de la Iglesia, Nación predestinada, Vaso de elección, anda a llevar, como en el pasado, mi Nombre delante de los pueblos y de todos los reyes de la tierra»".

R. P. Julio Meinvielle, “ DIÁLOGO ” Nº 1, Primavera 1954.
Notas:

(1)
T. R. P. Gillet, Appel au bon sens.
(2) Notre chame apostolique, del 25 de agosto de 1910.
(3) Ecclesia de Madrid, 9 de junio de 1951.
(4) HARY MITCHELL, Pie X et La France, Les Editions du Cèdre, Paris , 1954.